Hace casi dos años publiqué la primera entrega de estas crónicas. Demasiado tiempo tal vez. Retomo el hilo. Pues como dije entonces, ya teníamos Imagen, y quedaban tres meses para la primera salida procesional. La naciente Cofradía carecía de todo, de todo menos de entusiasmo. Cada uno de los fundadores acudimos a nuestros círculos de amistades, e hicimos numerosos hermanos en muy pocas semanas. Novatos como eramos en la organización de un desfile procesional pedimos asesoramiento a aquellos viejos cofrades de las hermandades históricas de Motril ( Paco Ortega, Paco Posadas, Julio Lopez, Juanjo Escribano....). Un desfile procesional necesita hermanos de habito (osea capuchones, en motrileño), encargamos la confección de 60 hábitos a Anita Cabrera, quien iba haciéndolos a toda prisa ayudada por sus hijas, y con la presión de nuestras visitas diarias a su casa, desplazándonos desde la mía en la Rambla de Capuchinos cada noche, donde los repartíamos junto con los capirotes de cartón , que también nos enseñamos a confeccionar. "Anita cuantos tienes?" "Aquí tenéis tres. Volved en hora y media que habrá algunos más". Y así fuimos entregándolos todos. Otro capitulo eran los enseres. No teníamos nada. La generosidad y solidaridad de las hermandades de entonces hay que ponerla de manifiesto. La Cofradía de la Salud nos prestó la Cruz de Guia y los faroles. La de la Buena Muerte, aquellos cirios metálicos a pilas, las famosas "picas". La Borriquita, el antiguo paso del Santo Sepulcro, con su varal torcido, y los respiraderos pintados de purpurina dorada. Del Nazareno creo recordar vinieron las campanillas de aviso. Y así poco a poco pudimos reunir lo indispensable para que el día 2 de Abril de 1985 Nuestro Padre Jesús del Perdón saliera a Motril por primera vez. Otro capitulo fue el de los costaleros. La juventud entonces, quizás mas que ahora, estaba muy ilusionada con "sacar" procesiones. entre todos reunimos un gran grupo de jóvenes. Y al frente de ellos José Castillo como primer capataz del Perdón. Eran tiempos muy distintos , los pasos por fuera, al estilo malagueño, pero también parecidos en otras cosas, ensayos, convivencia, ilusión. Ese tiempo fundacional fue tiempo de acogida de hermanos. Al lugar de reunión diaria acudían cada noche numerosos amigos, interesados en integrarse en la nueva Cofradia. Muchos continuaron largos años, otros, como suele ocurrir, pasaron de puntillas. Y llegó el soñado día de la salida. Pero eso quedará para la próxima entrega, que espero no tarde tanto como esta.
miércoles, 19 de enero de 2011
viernes, 28 de mayo de 2010
HASTA SIEMPRE , AMIGA
Apenas pasaban las ocho de la mañana cuando me comunicaron que te habías ido. No por esperada, la noticia de tu muerte me vino grande. Y pensé: "Juanjo, te has quedado aún mas solo". Y es que Mari Tere ha sido de esos/esas cofrades que dejan una huella imborrable entre los que tuvimos la suerte de tratarla y de quererla. A una profunda fe cristiana, lejos de histrionismos y vanidades, se unía en ella un poco frecuente sentido común. De su devoción por esa Esperanza motrileña, de su entusiasmo por engrandecer la Semana Mayor de nuestra ciudad, de su carácter férreo, pero a la vez de exquisito trato, los que la conocimos podemos dar fe. En lo personal, mi eterno agradecimiento por darme la oportunidad, durante su mandato al frente de la Agrupación de Cofradias, de pronunciar el Pregón Oficial de la Semana Santa de Motril. La última vez que pude hablar con ella acababan de diagnosticarle el mal que se la ha llevado, y en su cara dulce y amable de siempre noté preocupación, aunque nos manifestó a mi hermana May y a mi su intención de vencer a esa fiera que ya llevaba dentro. Después de aquel dia he conocido su lucha con la enfermedad, y cómo no, la dedicación de samaritano de su amigo del alma, Pepe, que ha estado acompañandola hasta el final. Para los que creemos que la vida no se acaba aqui, es un consuelo, una Esperanza, el saber que a partir de hoy Mari Tere estará dedicando sonrisas en la casa celestial de hermandad de Jesús Nazareno a tantos amigos que la precedieron, ¿verdad Juanjo?, menuda fiesta habrán montado entre Antonio, Fátima, el Chico y ella. A los que nos quedamos nos quedarán los recuerdos preciosos de una amiga de verdad.
martes, 4 de mayo de 2010
A LA VIRGEN DE LA AMARGURA
De Amargura amarga hiel
desborda el llanto de tus ojos.
Olor de cirio y clavel...
por un sendero de abrojos
vas en la noche tras Él.
La Virgen de la Amargura
lleva una pena tan grande
que va regando dolores
que en el alma no le caben.
¡Oh! Madre de la Amargura
llena de dolor las calles
que los pechos motrileños
para guardarlo se abren.
Amarguras de tu alma
repártelas como Madre,
dame un poco de tu pena
si quieres que yo me salve,
que el dolor de tus dolores
mi alma también abrase
que quiero sufrir contigo
para aprender a adorarte.
Yo quiero de tu amargura
el dolor que quieres darme
porque quiero ser yo tu hijo
para que tu seas mi madre.
La Virgen de la Amargura
lleva una pena tan grande
que va regando dolores
que en el alma no le caben.
viernes, 16 de abril de 2010
LA LUCIERNAGA Y EL SAPO
Editorial del programa "A golpe de llamador" de Onda Cero Motril del dia 16 de Abril de 2010.
Desde la más remota antigüedad el hombre ha recurrido al comportamiento de los animales para poner ejemplos aplicables a los humanos. Así nacieron las fábulas, que en mi época se estudiaban en la escuela. Y hoy traigo a este editorial una fábula clásica, que como todas ellas, culmina en una moraleja o enseñanza moral. Se titula La Luciérnaga y el Sapo y dice así:
“Un sapo, despreocupado, croaba orgulloso en medio del pantano cuando vio una luciérnaga con su titilante luz, encima de una piedra. Torturado por la envidia, y creyendo que nadie podía hacer lo que él no podía, dio un salto inesperado y cubrió con su cuerpo a la solitaria luciérnaga, la que sintiéndose oprimida, preguntó: -Por qué me tapas con tu cuerpo?-. La embarazosa pregunta provocó una lacónica respuesta:
-Porque brillas.”
De igual forma, las personas en muchas ocasiones se ciegan ante el éxito ajeno y utilizan el arma mas humana de todas: la palabra maledicente en un intento de tapar esa luz que les molesta a su propio ego. Y esto, estaréis conmigo que no es un comportamiento muy cristiano. Por esa razón me gustaría que reflexionarais sobre el sentido de la Caridad, que no es dar limosna a los pobres, sino encontrarse con el hermano, con el cofrade, que es lo mismo, y no andar, como tantas veces ocurre, intentando tapar la luz del hermano con la grasienta panza del insulto o la critica fácil. Quien tenga oídos que oiga.
Desde la más remota antigüedad el hombre ha recurrido al comportamiento de los animales para poner ejemplos aplicables a los humanos. Así nacieron las fábulas, que en mi época se estudiaban en la escuela. Y hoy traigo a este editorial una fábula clásica, que como todas ellas, culmina en una moraleja o enseñanza moral. Se titula La Luciérnaga y el Sapo y dice así:
“Un sapo, despreocupado, croaba orgulloso en medio del pantano cuando vio una luciérnaga con su titilante luz, encima de una piedra. Torturado por la envidia, y creyendo que nadie podía hacer lo que él no podía, dio un salto inesperado y cubrió con su cuerpo a la solitaria luciérnaga, la que sintiéndose oprimida, preguntó: -Por qué me tapas con tu cuerpo?-. La embarazosa pregunta provocó una lacónica respuesta:
-Porque brillas.”
De igual forma, las personas en muchas ocasiones se ciegan ante el éxito ajeno y utilizan el arma mas humana de todas: la palabra maledicente en un intento de tapar esa luz que les molesta a su propio ego. Y esto, estaréis conmigo que no es un comportamiento muy cristiano. Por esa razón me gustaría que reflexionarais sobre el sentido de la Caridad, que no es dar limosna a los pobres, sino encontrarse con el hermano, con el cofrade, que es lo mismo, y no andar, como tantas veces ocurre, intentando tapar la luz del hermano con la grasienta panza del insulto o la critica fácil. Quien tenga oídos que oiga.
viernes, 5 de marzo de 2010
LA CRUZ DE GUIA

Editorial del programa"A golpe de llamador" de Onda Cero del dia 5 de marzo de 2010
Hace unos días, inaugurando el periodo cuaresmal, tuvimos la fortuna de escuchar como cada año, el Pregón de la Semana Santa de Motril. En esta ocasión proclamado por D. Javier Sabio Sánchez, diácono motrileño y cofrade de pro. No me sorprendieron demasiadas cosas de su plática, porque conozco a Javier desde su infancia y sé los valores que atesora. Fue su Pregón una maravillosa mixtura de profundidad religiosa, de sentimientos cofrades, de alma enamorada de su Motril, de su marianismo preñado de sentires poéticos, de su amor por ese Cristo que, ya en edad madura, le llenó el corazón. Podemos presumir de pregonero, podemos presumir de religioso motrileño, podemos presumir de cofrade. Y es que Javier dejó bien claro a lo largo de su disertación cuales son los auténticos valores del cofrade, lejos de alharacas y vanidades diversas, se centró en la fraternidad cristiana, en la solidaridad con el necesitado y el humilde, siempre en el cobijo de Jesús y de su Santísima Madre. Pero esa profundidad del mensaje de Javier no restó un ápice a los sentimientos que le inspira , como a todos nosotros, esa particular geografía cofrade de este Motril, porque Javier también se emociona, y así nos lo hizo sentir, al ver a Jesús en nuestras calles, recortando con su silueta las sombras de los rincones motrileños en cada primavera y nos hizo emocionarnos reviviendo con él la paradójica alegría al mirar el rostro de amargura de nuestras Vírgenes meciéndose garbosas, hermosas, guapas, desde Capuchinos al Carmen, desde las Cañas a las Palmeras. Lección de catecismo, magistral clase de cual debe ser la Cruz de Guía de nuestra Semana Santa motrileña. Ole por Javier y ole por estar bautizado con el agua de la acequia.
viernes, 12 de febrero de 2010
LAS VOCES Y LOS ECOS

Editorial del programa de Onda Cero "A golpe de llamador" del dia 12 de Febrero de 2010
Se cumple este año el 25 aniversario de la primera salida procesional de Nuestro Padre Jesús del Perdón (Jesús Preso).
Tiempo más que suficiente para tener una panorámica nítida de esta ya argéntea cofradía.
Y los aniversarios son propicios al recuerdo, y por qué no, a la nostalgia.
Quien les habla tuvo el honor y el inmenso gozo de formar parte de aquel primer grupo de cofrades que se empeñaron y consiguieron poner en pie en un tiempo record la Cofradía del barrio de las Angustias. Y las cofradías son personas, muchas personas, muchos corazones unidos en un mismo afán. Por ese motivo pienso que es momento de recordarlas, algunas que se fueron abrazados por la Misericordia de Jesús, como el inolvidable Pepe Díaz, un hombre bueno en el sentido machadiano del término, como Antonio Jiménez, siempre tan pendiente de nuestras nazarenas de clausura, como el joven Jorge Martin, que partió a darle serenatas a nuestra Madre desde ese rinconcito del cielo. Y también recordar a los que aún se les hace un nudo en la garganta cada Martes Santo cuando miran a su Jesús Preso caminar por Motril con la cadencia reposada y majestuosa de su andar. Muchas personas que dejaron horas y horas de trabajo, de ilusiones, de amistad, y también de malos ratos, amparados todos en una devoción única.
Esta Cofradía a la que quiero con amor de padre ha pasado, como otras muchas, momentos de esplendor y también momentos de deriva. Y es que a menudo olvidamos que las hermandades al igual que la Iglesia a la que pertenecemos todos, es obra humana en su devenir cotidiano, y, aunque cobijadas en la Misericordia de Dios, no pueden sustraerse a los errores y a las miserias humanas.
Ahora, desde la atalaya de sus bodas de plata, me llena de felicidad conocer que, tras una migración temporal fuera de su entorno de nacimiento, la Cofradía del Perdón vuelve a su barrio, ese de las casas recién encaladas para el Martes Santo, ese de las calles empinadas, de rincones imposibles, de luna llena marinera y carmelita, por donde volverán, si es que alguna vez no lo hicieron, volverán sus fieles a mirar el rostro de Jesús Preso entre penumbras y a sentirlo como suyo.
Ojalá dentro de otros 25 años, los ecos que hayan dejado tantos sentires motrileños, sean tan claros como aquel rostro misericordioso de María Santísima. Feliz cumpleaños a todos.
viernes, 5 de febrero de 2010
LO VIEJO Y LO NUEVO
Editorial del programa de Onda Cero "A golpe de llamador" del dia 28 de Enero de 2010
Es un vicio o un error muy común en las personas, en las naciones, y también en las cofradías ufanarse (a veces sin motivo) de las bondades del tiempo presente. Y eso en si mismo no está mal, siempre y cuando ni las personas, ni las naciones, ni las cofradías recuerden con sinceridad y con cariño otros tiempos pasados que, quizás no tuvieran en lo externo, en lo material, tanta rimbombancia ni tanto oropel, pero que sin embargo, en muchas ocasiones gozaron de una riqueza humana que para si quisieran estos tiempos.
Y puedo escribir de lo que conocí allá por los ochenta. Cofradías nacientes entonces que se procuraban las picas (si las picas) pidiéndoselas prestadas a la siempre generosa Buena Muerte. Tronos de varales retorcidos de puro antiguos, como el que fue del Santo Sepulcro y después llevó en su cima a Nuestro Señor de la Borriquita, y después al humilde y magno Jesús del Perdón. Cruces de Guía sencillas, como la del Santísimo Cristo de la Salud, que encabezaban varias procesiones diferentes una misma Semana Santa, y así innumerables gestos de confraternidad entre hermandades. Lo material era lo menos importante, porque con todos los defectos que teníamos las personas que en aquellos años trabajábamos por nuestra Semana Santa, había clarísima una cosa: lo esencial, la base de una hermandad es la fraternidad de sus miembros entre si y con los demás. Y no es que ninguno fuera santo, ni mucho menos, que se formaban bullas como montañas, pero después de las tormentas salía el sol, la luz, la conciencia de ser hermanos en una misma asociación cristiana.
No cambiaria jamás la felicidad de ver al Perdón de reojo reflejado en un escaparate de color negro subiendo la calle Nueva, con el hombro fastidiado por ese varal retorcido del trono antiguo, no cambiaria eso jamás por el mejor paso repujado en pan de oro, pero sin sentir ese único corazón que latía bajo el Señor del Carmen.
Pensemos pues que lo que queda en el interior del cofrade no son las joyas ni las bambalinas doradas de esos preciosos palios que hoy disfruta nuestra vista, sino el corazón que hayamos puesto en nuestro hermano de al lado.
Es un vicio o un error muy común en las personas, en las naciones, y también en las cofradías ufanarse (a veces sin motivo) de las bondades del tiempo presente. Y eso en si mismo no está mal, siempre y cuando ni las personas, ni las naciones, ni las cofradías recuerden con sinceridad y con cariño otros tiempos pasados que, quizás no tuvieran en lo externo, en lo material, tanta rimbombancia ni tanto oropel, pero que sin embargo, en muchas ocasiones gozaron de una riqueza humana que para si quisieran estos tiempos.
Y puedo escribir de lo que conocí allá por los ochenta. Cofradías nacientes entonces que se procuraban las picas (si las picas) pidiéndoselas prestadas a la siempre generosa Buena Muerte. Tronos de varales retorcidos de puro antiguos, como el que fue del Santo Sepulcro y después llevó en su cima a Nuestro Señor de la Borriquita, y después al humilde y magno Jesús del Perdón. Cruces de Guía sencillas, como la del Santísimo Cristo de la Salud, que encabezaban varias procesiones diferentes una misma Semana Santa, y así innumerables gestos de confraternidad entre hermandades. Lo material era lo menos importante, porque con todos los defectos que teníamos las personas que en aquellos años trabajábamos por nuestra Semana Santa, había clarísima una cosa: lo esencial, la base de una hermandad es la fraternidad de sus miembros entre si y con los demás. Y no es que ninguno fuera santo, ni mucho menos, que se formaban bullas como montañas, pero después de las tormentas salía el sol, la luz, la conciencia de ser hermanos en una misma asociación cristiana.
No cambiaria jamás la felicidad de ver al Perdón de reojo reflejado en un escaparate de color negro subiendo la calle Nueva, con el hombro fastidiado por ese varal retorcido del trono antiguo, no cambiaria eso jamás por el mejor paso repujado en pan de oro, pero sin sentir ese único corazón que latía bajo el Señor del Carmen.
Pensemos pues que lo que queda en el interior del cofrade no son las joyas ni las bambalinas doradas de esos preciosos palios que hoy disfruta nuestra vista, sino el corazón que hayamos puesto en nuestro hermano de al lado.
viernes, 11 de diciembre de 2009
EL CARNAVAL DE LOS RATONES
Editorial del Programa A golpe de Llamador de Onda Cero Motril del dia 11de diciembre de 2009
Siempre ha habido ratones. Ratones coloraos, ratones de despensa, ratones de campo…. Es una especie simpática que es objeto de cuentos infantiles. Pero esos son los ratones de cuatro patas. Bien distintos son los bípedos ratoniles. Variedad casi tan abundante como los primos del ratón Pérez, aunque nada simpática y por mas dañina y cobardica. Estos roedores habitan bajo tierra, ocultos a la vista, excavando los cimientos por el simple placer ( dudoso placer ) de minar construcciones solidas.
Estos tiempos modernos son incluso más propicios a la expansión de esta especie. Los adelantos tecnológicos favorecen la construcción de cavernas y cuando salen a la superficie siempre lo hacen enmascarados. Regurgitando las miasmas de su festín subterráneo e intentando salpicar con ellas a diestro y siniestro.
Y es que las mascaras solo las entiendo en Carnaval, y las caras tapadas solo las concibo nobles como manifestación de penitencia en nuestras procesiones.
Retomamos hoy los editoriales en este A golpe de Llamador. Y como un editorial es esencialmente la expresión de una línea de actuación, de un ideal de conducta, he de decir en éste que quien busque en estos comentarios la critica fácil, la información tendenciosa y sin contrastar, el amarillismo, no ha sido ni será nunca este su programa de Semana Santa. En esta etapa el programa continua dirigido por José Santiago, quien tras mas de dos lustros de constancia y entusiasmo, y altruistamente, no se olvide, convoca al programa a una periodista con mayúsculas, forjada en muchos años de profesión, con un estilo propio, y una personalidad arrolladora y elegante siempre como es Mari Ángeles Esteban, quien tras dejar su actividad laboral, y se que para matar ese gusanillo doble, entre lo cofrade y lo radiofónico, aporta al programa su experiencia y también su motrileñismo, del que hace años esta falta nuestra Semana Santa. En cuanto a quien hoy les habla desde el editorial, fui convocado la pasada temporada por José Santiago por viejo entre comillas, después de treinta años de vivencias cofrades, fundaciones, ferias, cruces, varales, campanillas, pipotes, y juntas de gobierno, a lo mejor se me ha quedado algo en claro de este mundo y unido a mi pasión por este medio, con buena voluntad he intentado e intento aportar mi personal visión de las cosas.
Estas pues, son las mimbres con las que pretendemos entre todos tejer un palquillo sobre la Semana Santa motrileña. Sin mas ánimo que ayudar a crecer una manifestación de religiosidad popular, y sin perder jamás de vista que los que se digan cofrades lo primero que han de tener en cuenta es la fraternidad cristiana, que ha de manifestarse sin caretas y con gallardía, al contrario de la forma de vivir de los ratones bípedos.
Siempre ha habido ratones. Ratones coloraos, ratones de despensa, ratones de campo…. Es una especie simpática que es objeto de cuentos infantiles. Pero esos son los ratones de cuatro patas. Bien distintos son los bípedos ratoniles. Variedad casi tan abundante como los primos del ratón Pérez, aunque nada simpática y por mas dañina y cobardica. Estos roedores habitan bajo tierra, ocultos a la vista, excavando los cimientos por el simple placer ( dudoso placer ) de minar construcciones solidas.
Estos tiempos modernos son incluso más propicios a la expansión de esta especie. Los adelantos tecnológicos favorecen la construcción de cavernas y cuando salen a la superficie siempre lo hacen enmascarados. Regurgitando las miasmas de su festín subterráneo e intentando salpicar con ellas a diestro y siniestro.
Y es que las mascaras solo las entiendo en Carnaval, y las caras tapadas solo las concibo nobles como manifestación de penitencia en nuestras procesiones.
Retomamos hoy los editoriales en este A golpe de Llamador. Y como un editorial es esencialmente la expresión de una línea de actuación, de un ideal de conducta, he de decir en éste que quien busque en estos comentarios la critica fácil, la información tendenciosa y sin contrastar, el amarillismo, no ha sido ni será nunca este su programa de Semana Santa. En esta etapa el programa continua dirigido por José Santiago, quien tras mas de dos lustros de constancia y entusiasmo, y altruistamente, no se olvide, convoca al programa a una periodista con mayúsculas, forjada en muchos años de profesión, con un estilo propio, y una personalidad arrolladora y elegante siempre como es Mari Ángeles Esteban, quien tras dejar su actividad laboral, y se que para matar ese gusanillo doble, entre lo cofrade y lo radiofónico, aporta al programa su experiencia y también su motrileñismo, del que hace años esta falta nuestra Semana Santa. En cuanto a quien hoy les habla desde el editorial, fui convocado la pasada temporada por José Santiago por viejo entre comillas, después de treinta años de vivencias cofrades, fundaciones, ferias, cruces, varales, campanillas, pipotes, y juntas de gobierno, a lo mejor se me ha quedado algo en claro de este mundo y unido a mi pasión por este medio, con buena voluntad he intentado e intento aportar mi personal visión de las cosas.
Estas pues, son las mimbres con las que pretendemos entre todos tejer un palquillo sobre la Semana Santa motrileña. Sin mas ánimo que ayudar a crecer una manifestación de religiosidad popular, y sin perder jamás de vista que los que se digan cofrades lo primero que han de tener en cuenta es la fraternidad cristiana, que ha de manifestarse sin caretas y con gallardía, al contrario de la forma de vivir de los ratones bípedos.
martes, 29 de septiembre de 2009
DEMASIADO TARDE

Hace unos cuantos dias mi amiga Mavi me abordó en el nuestro lugar de trabajo y me dijo que unas fechas antes la Hermana Mayor de la Hermandad de Pasión le habia entregado la Imagen de Nuestra Señora de la Amargura. Hasta ahí el hecho. Durante la pasada Semana Santa publique un comentario acerca de los problemas que venia teniendo la Hermandad de Pasión y, que a la postre la llevaron a no efectuar su salida procesional y que si no lo remedia alguien la abocará a su desaparición. ¿Que ha ocurrido para llegar a esto? ¿ Cuales son las razones o sinrazones de tan triste situación ? Desconozco los pormenores del enfrentamiento personal entre los que fueron integrantes de la Hermandad. Lo desconozco si, pero puedo aventurar, sin riesgo de equivocarme, que todos ellos han tenido como rémora, como lastre insalvable, la falta de caridad entre sus hermanos. Ese Maestro , de cuya primorosa Imagen presumen (presumimos) con tanta razón sus hermanos, ese Maestro digo, parece que no se le haya hecho mucho caso en sus consejos. ¿ Cuanto perdón se ha regalado en esas disputas? ¿ Cuanta caridad se ha ofrecido ? Parece que insuficiente. Esa es a mi modesto parecer la causa de que ahora lamenten (lamentemos) la casi segura desaparicion, Dios quiera que me equivoque, de una de nuestras Hermandades. Pero quiero dar a conocer para quien lo desconozca el porqué de que la Imagen de la amargura haya ido a parar a manos de la familia del autor. Dicha Imagen, propiedad siempre de los hermanos Ruiz, fue cedida por estos a la Hermandad de Pasión mediante un documento, y dicho documetno contenia una condición fundamental para la situación actual. La Imagen estaria en posesión de la Hermandad indefinidamente siempre y cuando fuera procesionada ( cosa que como sabemos este año no ha ocurrido) y aun más importante, que la Hermandad reuniera las condiciones necesarias para su custodia y conservación. Es obvio que la Hermandad, en las actuales circunstancias no reune ni humana ni materialmente, la seguridad y la vida cofrade minimas para la atención de la Sagrada Imagen, y consciente de ello, su hermana mayor, en un gesto que le honra, puso en manos de la familia propietaria de la talla a la siempre motrileña Virgen de la Amargura. Me consta que esta familia la han acogido con mucha tristeza porque su deseo, su sueño, es que la única obra de su hermano tan prontamente desaparecido, sea venerada por todo Motril y que rezan para que las condiciones actuales de la Hermandad cambien y pueda ser posible reintegrarla a su seno. Pero es obvio que el actual statu quo hace inviable eso. Por otra parte no podemos olvidarnos de la Imagen del Señor de Pasión, y en esto voy a citar a mi amiga Mari Angeles cuando se lamenta de que la considerada mejor talla religiosa andaluza del siglo XX se vea postergada al ostracismo, recluida en su templo de Puntalón. ¿ No habrá entre tantas personas que el pasado Jueves Santo lloraron la ausencia de los Titulares en las calles de Motril, ni un pequeño grupo de ellos que retomen con sentido cristiano, y con sentido común el estandarte de la Hermandad de Pasión? Ojalá que todo se quede en un mal sueño. Pero me temo que es demasiado tarde para despertar.
miércoles, 20 de mayo de 2009
lomo en adobo
Ingredientes:
3 kilos de lomo de cerdo hecho trozos grandes
4 – 8 ñoras o pimientos rojos pasados por agua caliente.
1 cabezas de ajos
Un puñado de orégano
Pimienta molida en cantidad suficiente (al gusto)
Aceite para sofreír la carne (abundante)
1 vaso de vino blanco bueno (montilla o jerez)
Litro de vino blanco común
1 puñado de ajonjolí
1 puñado de matalauva
1 rama de canela troceada
Sal
MODO DE PREPARACION
En un lebrillo grande se pone a marinar la carne durante dos o tres días con el vino el orégano la pimienta, las ñoras y los ajos molidos en la minipimer además de hacer en una sartén el ajonjolí, la matalauva y la canela, con mucho cuidado para que no se quemen.
Después de marinada la carne, se saca del lebrillo y se fríe en abundante aceite a fuego medio.
3 kilos de lomo de cerdo hecho trozos grandes
4 – 8 ñoras o pimientos rojos pasados por agua caliente.
1 cabezas de ajos
Un puñado de orégano
Pimienta molida en cantidad suficiente (al gusto)
Aceite para sofreír la carne (abundante)
1 vaso de vino blanco bueno (montilla o jerez)
Litro de vino blanco común
1 puñado de ajonjolí
1 puñado de matalauva
1 rama de canela troceada
Sal
MODO DE PREPARACION
En un lebrillo grande se pone a marinar la carne durante dos o tres días con el vino el orégano la pimienta, las ñoras y los ajos molidos en la minipimer además de hacer en una sartén el ajonjolí, la matalauva y la canela, con mucho cuidado para que no se quemen.
Después de marinada la carne, se saca del lebrillo y se fríe en abundante aceite a fuego medio.
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lunes, 6 de abril de 2009
YO YA TOME PARTIDO

Todo un terremoto de criterios encontrados viene sacudiendo desde hace semanas el mundillo cofrade motrileño, a cuenta de la suspensión procesional de la Hermandad de Pasión. Versiones contradictorias se vierten en corrillos, reuniones de tapas, foros virtuales.... Pero yo, que he escuchado las razones de parte y parte, me di cuenta ayer por la tarde, mientras flotaba de felicidad contemplando a mi Señora del Rosario, que hace 23 años habia tomado partido en esta historia. Por si lo quereis saber, yo estoy de parte del Señor de Pasión. Ese que seguramente estará pensando: pero que ingenuos que son estos hijos mios, que no se dan cuenta que son hermanos. Ese que desde su forzado exilio puntalonero espera cada año,con paciencia infinita, su traslado al Cerro de la Virgen. Pero este año ni siquiera eso podrá ser. Ni siquiera podrá recibir a sus hijos en el interior del Santuario. Y me dan igual las razones o sinrazones de todos. Porque la última razón, el autentico motivo de vernos privados de la presencia del Maestro este Jueves Santo no es otro que la ausencia de un verdadero sentido fraterno de todos. Y eso,naturalmente,tendrá si cabe mas triste a Jesús de Pasión, al igual que tristes estamos los hermanos de a pie, que no sabemos mas allá de nuestro corazon cofrade. Ajenos a batallitas, corrillos, enfrentamientos personales, numeros o afrentas, hay docenas de hermanos de Pasión que lo único que entienden es que el Señor del Cerro y la Amargura no pisarán Motril y que al igual que yo, tomaron el mejor partido.
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jueves, 2 de abril de 2009
domingo, 29 de marzo de 2009
AMARGURA ES MOTRILEÑA

Si de tus preciosas manos
derramas Misericordia
bajando del Santuario
en cada Jueves de Gloria.
Si de tus ojos divinos
manan lágrimas de pena
rodando por las aceras
de Motril en primavera.
Si de tu boca entreabierta
escapan tristes suspiros
mirando como tu Hijo
cercano está a su martirio.
Si a tu dolor infinito
se ha unido en este Jueves
la tristeza de no estar
este año entre tus gentes.
Por eso, Reina del Cerro,
con todo mi corazón
quiero enjugar ese llanto
de la Madre de Pasión.
No tengas pena, Amargura,
aunque este Jueves no salgas
Motril entero estará
contigo en cuerpo y alma.
Y cuando caiga el Maestro
bajo el paso del madero
como un solo corazón
Metril será su Cirineo.
domingo, 15 de marzo de 2009
PREGON DE EXALTACION A LAS GLORIAS DE MARIA SANTISIMA DE LA MISERICORDIA

Sr. Hermano Mayor y Junta de Gobierno, hermanos de la Cofradía del Perdón, amigos todos.
Tiene para mi especial emoción ser presentado por Mari Ángeles, hija de este bendito barrio de la Angustias y especialísimamente unida a la advocación de Nuestro Señor del Perdón. Mari Ángeles es para mi mucho más que una amiga, más que una hermana. Desconocía hasta este momento el contenido de sus palabras, pero conociéndome como me conoce, y sintiendo el profundo afecto, que es mutuo, seguro que habrá incurrido en ensalzar en demasía a mi persona, y habrá omitido mis muchas carencias. No obstante, y conociendo su “chispa motrileña” habrá dejado caer “a lo soliquintrón” alguna pincelada cariñosa de su fino humor. Mi querida May, gracias por tu amistad, y por tus palabras.
Al manifestarme hace un par de meses la Junta de Gobierno su deseo de que fuera quien hoy os habla el pregonero de las Glorias de María Santísima de la Misericordia, no tuve duda alguna en aceptar tan honroso encargo. Y ello porque, como la mayoría conocéis, mi vinculación con esta Hermandad arranca desde un ya lejano 14 de octubre de 1984, día en que nos reunimos unos pocos amigos para emprender un camino entonces incierto y al tiempo cargado de ilusiones. Un camino que, en mi caso, se desarrolló durante nueve años formando parte de aquel grupo de personas que, con la ayuda de tantas otras, gestó e hizo grande la que, desde su origen, nació queriendo ser la Cofradía del barrio de las Angustias.
Es por ello que al recibir este encargo, acudieron a mi mente decenas de recuerdos imborrables de aquellos años. Amigos que se fueron para siempre, y no puedo dejar de aludir a nuestro entrañable Pepe Díaz, que además de figurar y ser el hermano número uno de la Cofradía, cuando lo teníamos entre nosotros fue siempre ejemplo de honradez y mediador amable en todas las pequeñas discrepancias que surgían. Tampoco puedo dejar a un lado el recuerdo a un muchacho que se nos fue un fatídico e imborrable martes y trece, Jorge Martin, que apuntaba a sus 17 años tan grandes valores que seguramente nuestro Jesús del Perdón quiso llevarlo a su lado, para desde allí, velar por los que nos quedamos. Recuerdos de tantos Lunes Santos de claveles cortados y largas noches de nervios e impaciencia. Convivencia fraterna de tantas y tantas jornadas de feria y cruces.
Pero centrémonos en la misión que hoy nos congrega aquí. El pregón de las Glorias de María Santísima de la Misericordia. ¿Como enfocar un pregón con ese titulo? Siendo María el espejo donde mirarnos y siendo esta bendita advocación de Misericordia, pensé que nada más natural que recorrer de su mano el camino que nuestra Iglesia nos ha fijado, y que aprendimos de niños en el Catecismo, de las obras de misericordia. Examinarnos en misericordia como Cofradía, teniendo como modelo a nuestra Madre.
Siempre he echado de menos en este, por otra parte maravilloso, movimiento cristiano que son las hermandades, una mayor dedicación a las actividades de asistencia social a los desfavorecidos. La primera de esas obras de Misericordia que aprendimos de niños manda a los cristianos dar de comer al hambriento. Y en estos tiempos que corren, suena de especial necesidad ese mandato. ¿A cuantas familias en estos 25 años se ha auxiliado en sus necesidades? Resulta a veces irónica aquella recomendación que se nos hizo, de dedicar al menos el 10 por ciento del presupuesto anual para obras de caridad. Metámonos la mano en el pecho y pensemos si trabajaríamos con la misma ilusión, con el mismo empeño en esos días intensos, agotadores y llenos de alegría fraternal de tantas ferias y cruces, si en lugar de tener como meta la adquisición de unos faroles, de un techo de palio, hubiera de dedicarse todo ese esfuerzo a atender por encima de ello las necesidades primarias de los cristos que día a día conviven en nuestras calles. Es muy probable que el entusiasmo se viera notablemente disminuido.
En segundo lugar nos encontramos el mandato “dar de beber al sediento”. ¿Hacemos como la samaritana en Sicar, junto al pozo de Jacob, cuando alguno de esos cristos vivos se dirige a nosotros?
Vestir al desnudo. No se trata quizás de entregar media capa de la que poseemos para dar abrigo al necesitado de ella en estos tiempos, pero tal vez podríamos hacer más acogiendo a tantos desnudos de Amor como nos cruzamos a diario en nuestras calles.
La siguiente obra de misericordia tiene una especial importancia para quien os habla y para esta Hermandad. Nos invita a visitar a los enfermos. Algunos de los hermanos más antiguos que me escucháis sabréis, aún sin mencionar su nombre, a quien me voy a referir seguidamente. Hubo hace algunos años un acontecimiento triste. Un hermano del Perdón se vio dolorosamente abatido por el dolor y la postración. En aquellos momentos, muy escasos hermanos acompañaron al mismo en su penosa situación. Y he de confesaros que aquella actitud de mi querida Hermandad me desilusionó tan grandemente, que me hizo alejar de toda actividad en la Cofradía. Resulta difícil entender como llamándonos hermanos, cuando mas se necesita sentir la presencia de los tuyos, se encuentra la indiferencia y la soledad.
Siguiendo con el repaso a las obras de misericordia, nos encontramos con una muy afín al Titulo principal de nuestra Cofradía. Asistir al preso. Podría tener en este camino la Hermandad una dedicación especial, un proyecto de asistencia social íntimamente unido a su Jesús preso. Por ello quiero daros a los que actualmente tenéis la responsabilidad de guiarla, esta idea de actuación. No en vano, desde la fundación, se quiso inscribir en el escudo de la Cofradía la Cruz trinitaria, feliz recuerdo de aquel carisma por el cual los hermanos trinitarios se ofrecían como canje por los cautivos.
Dar posada al caminante. Son tantos en estos tiempos los peregrinos. No caminan hacia marismas ni basílicas, sino a una tierra extraña y casi siempre hostil. No les esperan a su llegada sevillanas ni banquetes, sino marginación y desarraigo. Y en esto, ¿que podemos hacer? Se me ocurre que a tiro de piedra de donde nos encontramos existe desde hace años un lugar de acogida de peregrinos, y se podría ofrecer colaboración estrecha con ellos.
La última de las obras de misericordia materiales tal vez ya no tiene vigencia práctica en nuestros tiempos, pero sin embargo me retrae a las raíces mismas de la Hermandad. Enterrar a los muertos fue la tarea primordial de la primitiva Hermandad de Jesús Preso, antecesora de nuestra Cofradía.
Terminada ya la relación de las obras de misericordia materiales, quisiera esbozar una glosa sobre las llamadas espirituales.
La primera de ellas es enseñar al que no sabe. Y de nuevo me pregunto ¿Qué puede hacer mi Hermandad en este campo? Las reuniones de formación cristiana, a las que de los varios cientos de hermanos, asisten, ¿Cuántos? ¿No será labor de todos fomentar el interés por crecer en el conocimiento de la religión a la que decimos pertenecer?
Dar buen consejo al que lo necesita. ¿Nos preocupamos de los problemas de nuestros hermanos, o más bien volvemos la cara con indiferencia?
Perdonar las injurias. Este apartado debería ser el centro de la actuación de los hermanos del Perdón ¿No creéis? El devenir de la vida cofrade esta dolorosamente plagado de rencillas, rencores, enfrentamientos personales, guerrillas sin sentido entre corrillos, que nos apartan del mandato de Jesús: “Sed uno como mi Padre y yo somos Uno”. ¿Os dais cuenta la importancia de la formación, de volver la vista una y otra vez al Evangelio?
Continuamos este recorrido por las obras de misericordia. Consolar al afligido. Hemos de ser refugio de los hermanos, hombro amigo, cobijo amable, palabra de apoyo, abrazo de hermano.
La siguiente es consustancial a nuestra principal advocación. Tolerar los defectos del prójimo. Es decir, perdonar a nuestro hermano. Cada uno de nosotros debería tener grabada en su mente y en su corazón estas seis letras PERDON y ponerlo en práctica en la relación cotidiana pero especialmente entre los que nos llamamos hermanos.
Queridos hermanos, con ser todas estas obras de misericordia una hermosa plasmación de actuaciones cristianas, todas ellas se podrían resumir en una. El ejercicio de la caridad. Pero ¿Qué es la caridad? Nuestro Santo Padre Benedicto nos lo ha dicho. Deus est caritas. Dios es caridad o lo que es igual, Dios es Amor. De tal modo que ejerciendo la Caridad no hacemos otra cosa que imitar a Nuestro Señor, seguir su único Mandamiento, amarnos como Él nos ama.
Pero estoy seguro que estaréis pensando: hemos venido aquí a escuchar el Pregón de las Glorias de María Santísima de la Misericordia y hasta el momento nuestra queridísima Madre parece haber estado ausente. No hay tal, porque cada una de las obras que hemos repasado fue norte y guía de Nuestra Señora en su paso por la tierra, y sigue siéndolo eternamente en su acción mediadora con nosotros, sus hijos. Aunque no os sigáis preocupando, porque ahora sale de mi corazón mariano el deseo de engalanar con mis pobres margaritas hechas palabras a la Imagen de María que preside mi dormitorio, aquella que hace mas de veinte años quisimos llamarla Madre de la Misericordia, Dulzura del Martes Santo
En Sevilla te forjaron
sin adivinar siquiera
que esa cara de marfil
nacía ya motrileña.
Llegaste a tu ciudad
colmándonos de ilusiones
la palidez de tu rostro
llenó nuestros corazones.
Y te acogimos aquí
en esta Iglesia del Carmen
con humildad y sencillez
como se acoge a una Madre.
Al venir solo sabíamos
que te llamabas María,
Santísima por deseo
de Aquel que tú llevarías.
Una hermana apuntó
la devoción que tendrías,
Misericordia es el nombre
por el que te conocerían.
Porque ese nombre esta unido
a tu Hijo del Carmelo
Misericordia y Perdón
unidos nos dan consuelo.
Mi Misericordia tiene
mejillas de terciopelo,
azúcar en su mirada
amor derraman sus dedos.
Cuando por Santiago iba,
¡Ay que tiempos aquellos!
meciéndose dulcemente
con los acordes tan bellos
de Amargura por las calles
de su barrio tan señero,
las puertas de par en par
esperando a Jesús Preso.
Y aunque de la Mayor
ahora sales muy hermosa
nunca podré olvidar,
esa y otras muchas cosas,
aquellos Martes de Angustias,
al pasar por estas calles
de casas bien encaladas,
para recibir en ellas
la visita de su Madre.
Y es que eres, Madre mía,
Flor entre todas las flores,
azucena pura y limpia,
geraneo de sus balcones.
Dulzura del Martes Santo
que a todos nos aprisiona
con tu carita de Virgen
y mejillas de amapola.
Misericordia derramas
en tus manos de Pastora,
que nos inunda el alma
al ver tu cara, Señora.
Esa cara que le brotan
perlas en sus mejillas,
puros diamantes de amor
del corazón que más brilla.
Y es que no es posible hallar
por mas que busques en vano
una Madre tan preciosa
entre las gentes del barrio.
Una Madre que a su Hijo
contempla en su condena,
herido su corazón
con puñales de gran pena.
Infamia le causaron
a tu Hijo en el Carmelo
atando con mano impía
a tu Divino Cordero.
Misericordia no llores,
carita de nácar puro,
que tus lágrimas de hoy,
en este trance tan duro,
se tornaran alegrías,
Hosannas y exclamaciones
cuando Jesús resucite
poniendo en los corazones
blancos lirios de alegría
para que tu corazón no sufra
Bendita Madre María.
Y tus hijos de este barrio,
unidos en la Hermandad,
cada Martes con su Madre
escuchan con humildad
las angelicales voces
de tus hijas más queridas,
consagradas a Jesús,
Nazarenas de clausura.
Misericordia le piden
a Jesús, nuestro Maestro,
Aquel al que tú pariste
Aquel al que hicimos Preso,
y sin embargo tus manos
regalan Misericordia
a estos hijos que a tu Hijo
cobardemente han prendido.
Madre de Misericordia,
Señora de este Carmelo
bendice siempre a tu barrio
dale tu gran consuelo.
Y si mi amor te olvidare,
que nada en eso merezco,
Tú no te olvides de mí,
Madre de Jesús Preso.
He dicho.
Motril, Templo del Carmen 14 de Marzo de 2009
Tiene para mi especial emoción ser presentado por Mari Ángeles, hija de este bendito barrio de la Angustias y especialísimamente unida a la advocación de Nuestro Señor del Perdón. Mari Ángeles es para mi mucho más que una amiga, más que una hermana. Desconocía hasta este momento el contenido de sus palabras, pero conociéndome como me conoce, y sintiendo el profundo afecto, que es mutuo, seguro que habrá incurrido en ensalzar en demasía a mi persona, y habrá omitido mis muchas carencias. No obstante, y conociendo su “chispa motrileña” habrá dejado caer “a lo soliquintrón” alguna pincelada cariñosa de su fino humor. Mi querida May, gracias por tu amistad, y por tus palabras.
Al manifestarme hace un par de meses la Junta de Gobierno su deseo de que fuera quien hoy os habla el pregonero de las Glorias de María Santísima de la Misericordia, no tuve duda alguna en aceptar tan honroso encargo. Y ello porque, como la mayoría conocéis, mi vinculación con esta Hermandad arranca desde un ya lejano 14 de octubre de 1984, día en que nos reunimos unos pocos amigos para emprender un camino entonces incierto y al tiempo cargado de ilusiones. Un camino que, en mi caso, se desarrolló durante nueve años formando parte de aquel grupo de personas que, con la ayuda de tantas otras, gestó e hizo grande la que, desde su origen, nació queriendo ser la Cofradía del barrio de las Angustias.
Es por ello que al recibir este encargo, acudieron a mi mente decenas de recuerdos imborrables de aquellos años. Amigos que se fueron para siempre, y no puedo dejar de aludir a nuestro entrañable Pepe Díaz, que además de figurar y ser el hermano número uno de la Cofradía, cuando lo teníamos entre nosotros fue siempre ejemplo de honradez y mediador amable en todas las pequeñas discrepancias que surgían. Tampoco puedo dejar a un lado el recuerdo a un muchacho que se nos fue un fatídico e imborrable martes y trece, Jorge Martin, que apuntaba a sus 17 años tan grandes valores que seguramente nuestro Jesús del Perdón quiso llevarlo a su lado, para desde allí, velar por los que nos quedamos. Recuerdos de tantos Lunes Santos de claveles cortados y largas noches de nervios e impaciencia. Convivencia fraterna de tantas y tantas jornadas de feria y cruces.
Pero centrémonos en la misión que hoy nos congrega aquí. El pregón de las Glorias de María Santísima de la Misericordia. ¿Como enfocar un pregón con ese titulo? Siendo María el espejo donde mirarnos y siendo esta bendita advocación de Misericordia, pensé que nada más natural que recorrer de su mano el camino que nuestra Iglesia nos ha fijado, y que aprendimos de niños en el Catecismo, de las obras de misericordia. Examinarnos en misericordia como Cofradía, teniendo como modelo a nuestra Madre.
Siempre he echado de menos en este, por otra parte maravilloso, movimiento cristiano que son las hermandades, una mayor dedicación a las actividades de asistencia social a los desfavorecidos. La primera de esas obras de Misericordia que aprendimos de niños manda a los cristianos dar de comer al hambriento. Y en estos tiempos que corren, suena de especial necesidad ese mandato. ¿A cuantas familias en estos 25 años se ha auxiliado en sus necesidades? Resulta a veces irónica aquella recomendación que se nos hizo, de dedicar al menos el 10 por ciento del presupuesto anual para obras de caridad. Metámonos la mano en el pecho y pensemos si trabajaríamos con la misma ilusión, con el mismo empeño en esos días intensos, agotadores y llenos de alegría fraternal de tantas ferias y cruces, si en lugar de tener como meta la adquisición de unos faroles, de un techo de palio, hubiera de dedicarse todo ese esfuerzo a atender por encima de ello las necesidades primarias de los cristos que día a día conviven en nuestras calles. Es muy probable que el entusiasmo se viera notablemente disminuido.
En segundo lugar nos encontramos el mandato “dar de beber al sediento”. ¿Hacemos como la samaritana en Sicar, junto al pozo de Jacob, cuando alguno de esos cristos vivos se dirige a nosotros?
Vestir al desnudo. No se trata quizás de entregar media capa de la que poseemos para dar abrigo al necesitado de ella en estos tiempos, pero tal vez podríamos hacer más acogiendo a tantos desnudos de Amor como nos cruzamos a diario en nuestras calles.
La siguiente obra de misericordia tiene una especial importancia para quien os habla y para esta Hermandad. Nos invita a visitar a los enfermos. Algunos de los hermanos más antiguos que me escucháis sabréis, aún sin mencionar su nombre, a quien me voy a referir seguidamente. Hubo hace algunos años un acontecimiento triste. Un hermano del Perdón se vio dolorosamente abatido por el dolor y la postración. En aquellos momentos, muy escasos hermanos acompañaron al mismo en su penosa situación. Y he de confesaros que aquella actitud de mi querida Hermandad me desilusionó tan grandemente, que me hizo alejar de toda actividad en la Cofradía. Resulta difícil entender como llamándonos hermanos, cuando mas se necesita sentir la presencia de los tuyos, se encuentra la indiferencia y la soledad.
Siguiendo con el repaso a las obras de misericordia, nos encontramos con una muy afín al Titulo principal de nuestra Cofradía. Asistir al preso. Podría tener en este camino la Hermandad una dedicación especial, un proyecto de asistencia social íntimamente unido a su Jesús preso. Por ello quiero daros a los que actualmente tenéis la responsabilidad de guiarla, esta idea de actuación. No en vano, desde la fundación, se quiso inscribir en el escudo de la Cofradía la Cruz trinitaria, feliz recuerdo de aquel carisma por el cual los hermanos trinitarios se ofrecían como canje por los cautivos.
Dar posada al caminante. Son tantos en estos tiempos los peregrinos. No caminan hacia marismas ni basílicas, sino a una tierra extraña y casi siempre hostil. No les esperan a su llegada sevillanas ni banquetes, sino marginación y desarraigo. Y en esto, ¿que podemos hacer? Se me ocurre que a tiro de piedra de donde nos encontramos existe desde hace años un lugar de acogida de peregrinos, y se podría ofrecer colaboración estrecha con ellos.
La última de las obras de misericordia materiales tal vez ya no tiene vigencia práctica en nuestros tiempos, pero sin embargo me retrae a las raíces mismas de la Hermandad. Enterrar a los muertos fue la tarea primordial de la primitiva Hermandad de Jesús Preso, antecesora de nuestra Cofradía.
Terminada ya la relación de las obras de misericordia materiales, quisiera esbozar una glosa sobre las llamadas espirituales.
La primera de ellas es enseñar al que no sabe. Y de nuevo me pregunto ¿Qué puede hacer mi Hermandad en este campo? Las reuniones de formación cristiana, a las que de los varios cientos de hermanos, asisten, ¿Cuántos? ¿No será labor de todos fomentar el interés por crecer en el conocimiento de la religión a la que decimos pertenecer?
Dar buen consejo al que lo necesita. ¿Nos preocupamos de los problemas de nuestros hermanos, o más bien volvemos la cara con indiferencia?
Perdonar las injurias. Este apartado debería ser el centro de la actuación de los hermanos del Perdón ¿No creéis? El devenir de la vida cofrade esta dolorosamente plagado de rencillas, rencores, enfrentamientos personales, guerrillas sin sentido entre corrillos, que nos apartan del mandato de Jesús: “Sed uno como mi Padre y yo somos Uno”. ¿Os dais cuenta la importancia de la formación, de volver la vista una y otra vez al Evangelio?
Continuamos este recorrido por las obras de misericordia. Consolar al afligido. Hemos de ser refugio de los hermanos, hombro amigo, cobijo amable, palabra de apoyo, abrazo de hermano.
La siguiente es consustancial a nuestra principal advocación. Tolerar los defectos del prójimo. Es decir, perdonar a nuestro hermano. Cada uno de nosotros debería tener grabada en su mente y en su corazón estas seis letras PERDON y ponerlo en práctica en la relación cotidiana pero especialmente entre los que nos llamamos hermanos.
Queridos hermanos, con ser todas estas obras de misericordia una hermosa plasmación de actuaciones cristianas, todas ellas se podrían resumir en una. El ejercicio de la caridad. Pero ¿Qué es la caridad? Nuestro Santo Padre Benedicto nos lo ha dicho. Deus est caritas. Dios es caridad o lo que es igual, Dios es Amor. De tal modo que ejerciendo la Caridad no hacemos otra cosa que imitar a Nuestro Señor, seguir su único Mandamiento, amarnos como Él nos ama.
Pero estoy seguro que estaréis pensando: hemos venido aquí a escuchar el Pregón de las Glorias de María Santísima de la Misericordia y hasta el momento nuestra queridísima Madre parece haber estado ausente. No hay tal, porque cada una de las obras que hemos repasado fue norte y guía de Nuestra Señora en su paso por la tierra, y sigue siéndolo eternamente en su acción mediadora con nosotros, sus hijos. Aunque no os sigáis preocupando, porque ahora sale de mi corazón mariano el deseo de engalanar con mis pobres margaritas hechas palabras a la Imagen de María que preside mi dormitorio, aquella que hace mas de veinte años quisimos llamarla Madre de la Misericordia, Dulzura del Martes Santo
En Sevilla te forjaron
sin adivinar siquiera
que esa cara de marfil
nacía ya motrileña.
Llegaste a tu ciudad
colmándonos de ilusiones
la palidez de tu rostro
llenó nuestros corazones.
Y te acogimos aquí
en esta Iglesia del Carmen
con humildad y sencillez
como se acoge a una Madre.
Al venir solo sabíamos
que te llamabas María,
Santísima por deseo
de Aquel que tú llevarías.
Una hermana apuntó
la devoción que tendrías,
Misericordia es el nombre
por el que te conocerían.
Porque ese nombre esta unido
a tu Hijo del Carmelo
Misericordia y Perdón
unidos nos dan consuelo.
Mi Misericordia tiene
mejillas de terciopelo,
azúcar en su mirada
amor derraman sus dedos.
Cuando por Santiago iba,
¡Ay que tiempos aquellos!
meciéndose dulcemente
con los acordes tan bellos
de Amargura por las calles
de su barrio tan señero,
las puertas de par en par
esperando a Jesús Preso.
Y aunque de la Mayor
ahora sales muy hermosa
nunca podré olvidar,
esa y otras muchas cosas,
aquellos Martes de Angustias,
al pasar por estas calles
de casas bien encaladas,
para recibir en ellas
la visita de su Madre.
Y es que eres, Madre mía,
Flor entre todas las flores,
azucena pura y limpia,
geraneo de sus balcones.
Dulzura del Martes Santo
que a todos nos aprisiona
con tu carita de Virgen
y mejillas de amapola.
Misericordia derramas
en tus manos de Pastora,
que nos inunda el alma
al ver tu cara, Señora.
Esa cara que le brotan
perlas en sus mejillas,
puros diamantes de amor
del corazón que más brilla.
Y es que no es posible hallar
por mas que busques en vano
una Madre tan preciosa
entre las gentes del barrio.
Una Madre que a su Hijo
contempla en su condena,
herido su corazón
con puñales de gran pena.
Infamia le causaron
a tu Hijo en el Carmelo
atando con mano impía
a tu Divino Cordero.
Misericordia no llores,
carita de nácar puro,
que tus lágrimas de hoy,
en este trance tan duro,
se tornaran alegrías,
Hosannas y exclamaciones
cuando Jesús resucite
poniendo en los corazones
blancos lirios de alegría
para que tu corazón no sufra
Bendita Madre María.
Y tus hijos de este barrio,
unidos en la Hermandad,
cada Martes con su Madre
escuchan con humildad
las angelicales voces
de tus hijas más queridas,
consagradas a Jesús,
Nazarenas de clausura.
Misericordia le piden
a Jesús, nuestro Maestro,
Aquel al que tú pariste
Aquel al que hicimos Preso,
y sin embargo tus manos
regalan Misericordia
a estos hijos que a tu Hijo
cobardemente han prendido.
Madre de Misericordia,
Señora de este Carmelo
bendice siempre a tu barrio
dale tu gran consuelo.
Y si mi amor te olvidare,
que nada en eso merezco,
Tú no te olvides de mí,
Madre de Jesús Preso.
He dicho.
Motril, Templo del Carmen 14 de Marzo de 2009
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viernes, 20 de febrero de 2009
CRONICAS DEL PERDON I
Fue en las Explanadas. Al lado del kiosco de las papillas (las mejores papillas del mundo), donde me abordó Paco Martos, para contarme que Pepe Díaz, el de la Librería el Faro, José Luis Escribano y Cecilio Arcas, le habían propuesto unirse al proyecto de fundar una nueva cofradía que saliera el Martes Santo y que igualmente le encargaron hablar conmigo con el mismo fin. Yo siempre había sido de la Cofradía de mi barrio, de la Soledad, y costalero de la Virgen de los Dolores, la primera que dejó atrás las ruedas y los costaleros de pago, pero aquello era nuevo para mí. Formar parte de una Junta en una Cofradía aun por parir. Mucha tela. Pero acepté. Recluté personalmente a varios de los componentes de aquella primera Junta. Con Jose Castillo hablaba cada noche por la emisora de radioaficionados (aún no existía el Internet) y se unió a la causa con todo entusiasmo. A Manolo Jiménez (el agrario) también le conté el proyecto a través de las ondas y no tardo en decir que si. De esta manera tan sencilla nos reunimos un grupo de poco más de una docena de personas el 14 de Octubre de 1984 para iniciar lo que aún no sabíamos que iba a ser una Hermandad señera en la Semana Santa de Motril. Salvo mi queridísimo e inolvidable Pepe Díaz, que había formado parte de la Cofradía del Nazareno, todos los demás éramos novatos en la organización y mucho más, en la fundación de una Cofradía.
Pero la juventud supongo es muy atrevida y nos lanzamos a la arena. Y lo mas gracioso, habíamos creado una Cofradía sin Santo. Si como lo cuento, a cuatro meses de querer salir a la calle no teníamos Imagen para procesionar. Así las cosas la cuestión era encontrar una Imagen digna para poder salir a la calle a meses vista. Reuniones informales en el despacho de José Luis, llamando a uno y otro lugar, visitando templos, y cada vez con menos tiempo para abril. La primera gestión la hicieron Pepe Díaz, Cecilio, José Luis y Paco Martos. Una tarde se fueron a Lujar, donde les habían contado que existía una imagen de un Nazareno con la Cruz a cuestas. Tras un viaje “acongojante”, porque las curvas del conjuro son traicioneras, volvieron acongojados a Motril: la Imagen de Lújar era de escayola, una Imagen pequeña que no reunía física ni estéticamente las condiciones para ser procesionada. Así que vuelta al problema. Y fue Pepe Díaz quien, por edad y por experiencia cofrade, tuvo la feliz idea de ponerse en contacto con el entonces hermano Mayor de la Hermandad de Jesús Preso, Manuel Mota. En aquel entonces creíamos que la Imagen del preso de Sánchez Mesa era propiedad de esa Hermandad, cosa que tiempo después resultó no ser así, ya que figura en el inventario de la Iglesia Mayor, como propiedad de la misma. Pues bien, después de grandes reticencias por parte de la Hermandad de Jesús Preso y con la mediación diplomática del entonces Párroco de la Encarnación, la antigua hermandad del Preso accedió a ceder la Imagen para procesionarla el Martes Santo, todo ello con una serie de condiciones en cuanto a la seguridad, traslado y devolución de la Sagrada Imagen al Templo de la Plaza de España. Bueno, ya teníamos Imagen, y ahora ¿Qué hacemos? Faltaban todos los enseres, y el trono, los hábitos, desde la Cruz de Guía hasta el último capuchón. Pero eso se queda para el siguiente capitulo
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lunes, 22 de diciembre de 2008
CHOTO ESTILO DE LOS TABLONES

Ingredientes:
1 choto de 6 o 7 kilos, hecho trozos
Medio kilo de sangre cocida (además de la del propio choto)
8 – 10 ñoras o pimientos rojos pasados por agua caliente.
2 cabezas de ajos
Un puñado de orégano
Pimienta molida en cantidad suficiente (al gusto)
Aceite para sofreír la carne (abundante)
1 vaso de vino blanco bueno (montilla o jerez)
Litro y medio de vino blanco común
Sal
MODO DE PREPARACION
Se sofríe la carne en abundante aceite y una vez hecho, se retira casi todo el aceite.
Se muelen en la minipimer primero la pimienta con el orégano y se le añaden los ajos y luego las ñoras o pimientos, si esta muy seco se le echa un poco de vino blanco.
Ala sartén se le añade el vaso de vino bueno y se esta moviendo casi hasta consumirlo, añadiendo el vino común y el majado de especias.
Se le añade la sangre cocida.
Cocinar a fuego lento hasta que este en su punto.
1 choto de 6 o 7 kilos, hecho trozos
Medio kilo de sangre cocida (además de la del propio choto)
8 – 10 ñoras o pimientos rojos pasados por agua caliente.
2 cabezas de ajos
Un puñado de orégano
Pimienta molida en cantidad suficiente (al gusto)
Aceite para sofreír la carne (abundante)
1 vaso de vino blanco bueno (montilla o jerez)
Litro y medio de vino blanco común
Sal
MODO DE PREPARACION
Se sofríe la carne en abundante aceite y una vez hecho, se retira casi todo el aceite.
Se muelen en la minipimer primero la pimienta con el orégano y se le añaden los ajos y luego las ñoras o pimientos, si esta muy seco se le echa un poco de vino blanco.
Ala sartén se le añade el vaso de vino bueno y se esta moviendo casi hasta consumirlo, añadiendo el vino común y el majado de especias.
Se le añade la sangre cocida.
Cocinar a fuego lento hasta que este en su punto.
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domingo, 14 de diciembre de 2008
PREGON OFICIAL 1998

PREGON DE SEMANA SANTA DE MOTRIL 1998
Tú has de ser la primera a quien me dirija en esta tarde de primavera motrileña, porque eres Tú la principal protagonista de la historia que cada año conmemoramos en esta tierra de María Santísima. A Ti Señora de la Cabeza mi primer saludo. Te pido licencia para mi gran atrevimiento, que no es otro que dejarme guiar por tu ayuda mediadora para poner en estas palabras, como si Tú misma hablaras, los pensamientos, penas, amarguras y dolores que Tú, Santísima Madre, hubiste de soportar con Amor infinito a tu divino Hijo. Celestial y Excelsa Patrona de Motril, perdóname tal atrevimiento y auxilia a este hijo tuyo, que solo aspira en este día poder testimoniar a mis hermanos cofrades de Motril la Pasión y Gloria de Nuestro Señor.
Tus hijos te rinden culto,
a ti, divina paloma,
que al mirar hacia lo alto,
ven el Amor que a Motril se asoma.
No hay dolor que no encuentre consuelo
en tu mirada tan dulce.
Ni angustia que alivio no halle
bajo el amoroso manto
que adorna tu fino talle.
Eres de Motril, Señora,
de su vega, mies fecunda,
alivio de los pesares,
Porque eres Señora divina,
por infinitas razones
nombrada por los motrileños
corregidora perpetua
de estos fieles corazones.
Itmo. Sr. Vicario Episcopal, Sra. Presidenta y Junta de Gobierno de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Sres. Hermanos Mayores y Juntas de Gobierno, hermanos y hermanas cofrades.
Resulta ocioso expresar el gran honor que representa para mi encontrarme hoy en esta tribuna. El mutuo sentimiento de amistad que me une a los miembros de la Junta de Gobierno, tan dignamente presidida, les llevaron quizá a designar para tan honrosa tarea a quien les habla.
Vaya por delante, pues, mi agradecimiento a quienes decidieron que este cofrade de a pie, se disponga hoy a intentar cantar la Pasión de Nuestro Señor y el Dolor de su Santísima Madre desde esta particular Jerusalén motrileña.
No he conocido hasta este momento las palabras de mi presentador, pero tratándose de mi querido hermano Agustín, sin duda se habrá excedido en elogiar mis pobres virtudes, omitiendo, por puro afecto fraterno, mis defectos. No obstante, he de agradecerle públicamente su amistad, su confianza, tantas veces demostrada, y sus cariñosas palabras.
Al aceptar esta misión que me ha sido encomendada me hice la siguiente pregunta ¿Cómo iniciar el pregón de la Semana Santa de mi pueblo? La respuesta vino a mi mente enseguida. La Semana Santa popular, nuestra peculiar forma de entender la celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, es fruto de una tradición de siglos, y de unos sentimientos históricamente compartidos por las generaciones que nos han precedido. Así pues, no cabe comenzar este Pregón mas que con el recuerdo, admiración y reconocimiento a cuantos ya no están con nosotros y sin cuya enseñanza, ejemplo y trabajo cofrade, nuestra Semana Santa no habría llegado a ser como es hoy. Y he de deciros, queridos hermanos, la admiración que siempre me ha producido el escuchar a mis mayores cómo aquellos antiguos cofrades tuvieron que realizar su labor en unas condiciones tan penosas y precarias muy diferentes a las que hoy nos encontramos en nuestras cofradías. Desde esa procesión gloriosa que es el Cielo, los viejos cofrades nos siguen dando ánimos y marcandonos el camino en nuestra Estación de Penitencia. A todos ellos esta dedicado este Pregón.
Hace ya mucho tiempo hubo un niño es esta ciudad que, como tantos en aquellos años, era monaguillo de su Parroquia en el barrio de Capuchinos. Dentro de su corta edad podía percibir como al llegar la primavera de aquel Motril todavía pueblo, donde aun se jugaba al balón en las calles de tierra, donde aun los niños llenaban las calles; en este tiempo su mayor distracción era aliviar a los pobres borricos de su carga de cañas recién cortadas, provocando la ira de los antiguos arrieros. Decía, que al llegar la primavera, ese niño podía percibir cómo su iglesia cambiaba por completo, y a ese Señor muerto que todo el año veía en una urna encerrado, lo sacaban de ella para ponerlo sobre una camilla y a la Virgen vestida de riguroso luto la subían a un enorme trono con una más enorme cruz a su espalda. Yo como ese niño, vestido de monaguillo, acompañaba a la procesión de su barrio, sin saber muy bien por qué, en ese día de primavera las personas mayores se vestían con un hábito y tapaban su cara. El por qué de todas esas cosas lo fue aprendiendo aquel niño con el paso de los años, y es el fruto de ese aprendizaje, vivido y sentido, lo que ha de conducir, ojalá lo consiga este pregonero, estas palabras que hoy os dirijo.
Aun recuerdo aquel niño que jugaba a ser carpintero. Cuanto tiempo ha pasado de aquello. Hace ya tres años que marchó de casa, y a veces me han venido a visitar a Belén, dese Judea y Galilea, hombres y mujeres para contarme todo lo que mi Hijo estaba haciendo. A los ciegos que dio vista, los tullidos que se levantaron del suelo, cuando sacó del sepulcro a su querido Lázaro. Y yo misma recuerdo vivamente cuando fuimos a Caná, en aquella boda.
Hoy estoy aquí, con Él, en Jerusalén; tan llenas las calles de gente como en un día de mercado. Él ha venido con sus amigos y con esa multitud que desde hace tres años le sigue por todos los caminos. Pero le están gritando. Le llaman bendito. Y son también muchos niños los que le aclaman a su paso. Esos mismos niños que Él gusta de rodearse, porque en sus corazones limpios se esconde la llave de su Reino; cuando me contaron que para en entrar en él dijo que había que hacerse como niños. Desde este mirador rodeado de palmeras y de pinos puedo oír también cómo esta sonando la música a su paso, y esos muchachos que parecen llevarlo en vuelo. Es como un Rey, al que aclama todo su pueblo. Pero Él me contó que su Reino no es de este mundo. ¿Cómo ahora lo llevan como un rey? Él siempre ha reinado en mi corazón y en el de cuantos lo han conocido. Seguramente se refería a eso, no es su deseo reinar en Jerusalén, sino en el corazón de todos los hombres.
He bajado del Cerro donde me encontraba para ir cerca de Él. El pueblo entero le acompaña moviendo palmas y ramas de olivo. Adentrándose por estrechas calles y desde los tejados y azoteas llueven flores y romero, que perfuman el aire con su fragancia. Me pregunto si será este el momento de realizar mi Hijo aquello para lo que anuncio el Ángel que venía, si ha llegado el momento de Jesús Salvador. Toda esta muchedumbre que lo aclama, los hosannas que le gritan han de ser una señal de triunfo, del comienzo de su reinado.
Se ha acercado a mi en esta callejuela, que le llaman de Comedias, y solo le ha dado tiempo a dedicarme una sonrisa; quizá recordando cuando hace algunos años estuvimos en una de estas casitas, rodeados de muchos amigos a quienes entregó su Amor y les enseñó que es su único mandamiento.

La tarde se esta marchando
y pinta de sangre la vega,
cuando entra Jesús a Motril,
a lomos de burra llega.
Las campanillas repican
cuando alegre trota el paso
al salir por esa puerta
del Colegio del Rosario.
Un clamor de niños-hombres
afuera lo están esperando,
al Señor de la Borriquita
con palmas acompañando.
A su paso las palmeras,
como si corazón tuvieran
se inclinan a contemplar
al Rey de reyes de cerca.
El pueblo entero le grita,
Motril entero le ensalza,
a Jesús de Nazaret
todos reciben con palmas.
Y los niños, inocentes,
en gritar son los primeros,
pues es su corazón la puerta
para el Reino de los Cielos.
El costalero lo mece
sobre sus hombros cansados,
es su forma de alabar
a quien va a ser crucificado.
Pases por donde pases,
Comedias, Nueva o Cruz Verde,
Motril entero se apiña
en tus calles para verte.
Mirad todos los que veis,
seáis o no de la Hermandad,
cómo Jesús en un asno,
nos da lección de humildad.
Y cuando por Carrera pasa,
saliendo ya los luceros,
Jesús en su burra va
al son de Campanilleros.
Y cuando se va a encerrar
Tu Rostro, resplandeciente,
Jesús no nos dejes nunca,
gritamos aun más fuerte.
¡Jesús de Jerusalén!
Jesús de Motril el Rey,
en Ramos nos enseñaste
que es el Amor, tu Ley.
y pinta de sangre la vega,
cuando entra Jesús a Motril,
a lomos de burra llega.
Las campanillas repican
cuando alegre trota el paso
al salir por esa puerta
del Colegio del Rosario.
Un clamor de niños-hombres
afuera lo están esperando,
al Señor de la Borriquita
con palmas acompañando.
A su paso las palmeras,
como si corazón tuvieran
se inclinan a contemplar
al Rey de reyes de cerca.
El pueblo entero le grita,
Motril entero le ensalza,
a Jesús de Nazaret
todos reciben con palmas.
Y los niños, inocentes,
en gritar son los primeros,
pues es su corazón la puerta
para el Reino de los Cielos.
El costalero lo mece
sobre sus hombros cansados,
es su forma de alabar
a quien va a ser crucificado.
Pases por donde pases,
Comedias, Nueva o Cruz Verde,
Motril entero se apiña
en tus calles para verte.
Mirad todos los que veis,
seáis o no de la Hermandad,
cómo Jesús en un asno,
nos da lección de humildad.
Y cuando por Carrera pasa,
saliendo ya los luceros,
Jesús en su burra va
al son de Campanilleros.
Y cuando se va a encerrar
Tu Rostro, resplandeciente,
Jesús no nos dejes nunca,
gritamos aun más fuerte.
¡Jesús de Jerusalén!
Jesús de Motril el Rey,
en Ramos nos enseñaste
que es el Amor, tu Ley.
Todavía resuenan en mi cabeza los ecos del Domingo. Las aclamaciones a mi hijo. Sin embargo hoy sé que me he quedado sola, y que Él se ha ido a rezar al Monte de los Olivos. Han ido con Él tres de sus amigos, pero sé que Él también se siente solo. Ahora comprendo que se acerca el momento. Esta noche han estado cenando todos, ha compartido una vez más el pan con todos. Pero ahora se ha quedado solo. Solo no. Tiene mi amor y sobre todo tiene el Amor del Padre. ¡Cuanta obediencia debe haber en Él para aceptar ese trance! Y cuanta resignación. ¡Dios mío! Para que el corazón de Madre soporte esta herida. La misma obediencia que yo aprendí cuando vino el Ángel a anunciarme su llegada, la transmití a Él. De nuevo recuerdo la boda en Caná y cómo obedeciendo mi petición transformó el agua en vino. Hágase en mi según tu Palabra, le dije al Señor aquella vez; y Jesús no podrá mas que ponerse en las manos del Padre esta noche de lunes, no querrá mas que aceptar la voluntad del Padre.
Es tan doloroso para una Madre aceptar el sufrimiento de su Hijo, peor es la voluntad de Dios y por otra parte yo he sabido siempre cual es el destino de Jesús, cómo en su Muerte esta su Victoria, pues Él mismo ha dicho que volverá de la muerte para realizar su misión salvadora.
Pero que largas estas horas de espera. Si al menos pudiera estar a su lado y acogerlo en mi regazo como cuando era un niño en aquel Belén tan lejano. Pero, qué podría hacer yo, una pobre mujer galilea, frente a este mundo lleno de odios. Tan solo puedo hacer una cosa, rezar a Dios. Él sabrá que hacer y que es lo mejor.
Es tan doloroso para una Madre aceptar el sufrimiento de su Hijo, peor es la voluntad de Dios y por otra parte yo he sabido siempre cual es el destino de Jesús, cómo en su Muerte esta su Victoria, pues Él mismo ha dicho que volverá de la muerte para realizar su misión salvadora.
Pero que largas estas horas de espera. Si al menos pudiera estar a su lado y acogerlo en mi regazo como cuando era un niño en aquel Belén tan lejano. Pero, qué podría hacer yo, una pobre mujer galilea, frente a este mundo lleno de odios. Tan solo puedo hacer una cosa, rezar a Dios. Él sabrá que hacer y que es lo mejor.

Con gotas de sangre divina
los olivos se han regado,
y hasta el Ángel, con tristeza,
sus lágrimas han derramado.
Reza en silencio, Jesús,
de hinojos aquí postrado,
sus amigos, infelices,
también le han abandonado.
Jesús, no te sientas solo,
en los olivos rezando,
que en San Agustín está
Motril entero aguardando.
Y cuando por las puertas sales
los ojos fijos al cielo
y las manos implorando,
todo Motril te acompaña,
Motril todo esta rezando.
Capirotes rojo sangre
van desgranando el Rosario
pidiendo que si es posible
Tu no llegues al Calvario.
Tu no estas solo, Señor,
que aun conservo en la memoria
cuando vi pasar radiante,
la Virgen de la Victoria.
Anoche le prendieron. Le condujeron a los Sumos Sacerdotes y le han traído al Palacio del Gobernador romano. Aquí estoy sola entre tanta gente. Me ha parecido ver muchas caras que estaban el Domingo en aquella procesión de palmas. Con tantos amigos no debo estar preocupada. Si hay algún problema sus amigos acudirán en su ayuda. Qué puede pasarle a Él que no ha hecho mas que el bien entre los suyos, que ha curado a tantos y tantas y tantas cosas les ha enseñado. Ahí asoma. Pobra Hijo mío. Tiene una expresión tan triste. Veo en sus ojos una expresión de entrega, de paz, de ternura y de abandono. Y tiene atadas las manos, esas manos que tanto bien han hecho. Un momento, ya aparece Pilatos. Esta leyendo los cargos contra Jesús. Dice que es el Rey de los judíos. Pero no sabe que su Reino de no es de aquí. Lo soltará, porque en la Pascua siempre se libera un preso y quien sino mi Hijo, que ningún daño ha hecho. Qué están diciendo. Que suelte a Barrabás. Pero si son los mismos que el Domingo le aclamaban. Qué débil es el corazón del hombre. El Gobernador tendrá que dar una sentencia absolutoria para mi Hijo. No ha cometido ningún delito. Pilatos está pronunciando la Sentencia de Jesús. No puede ser, Dios mío, que lo condenen a muerte en la Cruz. Al más justo entre los hombres se le hace la mayor injusticia. A quien es todo Amor se le castiga con la ira y el odio. A quien ha entregado su vida se le exige su muerte. En le fondo de mi corazón aun albergaba la esperanza de que esto no ocurriera, de que la misión encomendada por el Padre no tuviera este dolorosa camino. Acaso no he de aceptar yo también este dolor. ¿No tengo que cargar dócilmente con esta cruz? ¿Pero, y a estos que le han condenado, como debo tratarles? ¿Acaso el odio no engendra mas odio? ¿La ira más ira? Pero la respuesta debo encontrarla en mi Hijo; ellos le llamaban el Maestro. Y Él nos ha dicho que debemos perdonar setenta veces siete y también que debemos amar a quienes nos hagan mal. ¡Cuesta tanto perdonar de corazón! Pero he de seguir sus palabras.

Quisiera tener una espada
como S. Pedro en el Huerto
y romper de una tajada
las cuerdas que hoy te han puesto.
Pero mi empeño es en vano
ya a Ti te han sentenciado
y en el Carmen, a tus manos,
con vil infamia han atado.
Tienes la mirada puesta
en algún punto perdido,
pero sin embargo siento
que me miras como amigo.
Lentamente vas bajando
la escalera del Carmelo,
Cuanta belleza en la cara
cuando se mece tu pelo.
El Señor de las Angustias
camina por Motril seguro
pues todo el pueblo conoce
que no hay corazón más puro.
La mirada de Jesús
es todo Amor y ternura
y en sus ojos, casi viva,
una expresión de amargura.
En el silencio del alba,
un salmo de voces puras
entonan esas palomas,
nazarenas de clausura.
Vuelve la gente a la plaza
a encerrar la procesión
y gritan con toda su alma
¡Viva Jesús del Perdón!
Tengo que ir a su encuentro, me dicen que le han puesto una corona de espinas, como si de un rey se tratase, y después de azotarle lo conducen al camino del Gólgota. Ha cargado con el madero y sus piernas tiemblan bajo el peso de los azotes y de la Cruz.
Para mi no es primavera, no, que se me antoja como el mas crudo invierno, y mi corazón se abre con puñales de duro hielo. Ese que sale al Calvario es mi Hijo. Y su Madre, pobre de mi, no puede hacer nada por aliviar de su hombro el peso de la Cruz. El cielo se obscurece ante mis ojos en esta madrugada tristísima y doliente. Tengo que acercarme a Él para consolarle en su camino, y recordarle cómo tuvo el poder de sanar a los enfermos, de dar vida a los muertos, de consolar a los corazones afligidos; quiero acercarme a Él y decirle que puede superar este trance como pudo realizar tales maravillas. Pero siento que no es rebelándose ante esta infamia como mi Hijo muestra su Poder, su Reino no es de este mundo, decía siempre; su Gran Poder no es otro que le Gran Poder del Amor. Cuando sanaba a los enfermos, los sanaba por Amor, cuando resucitó a Lázaro, lloró por Amor a su amigo, cuando extendía sus manos y acogía en su corazón a todo el pueblo, lo hacia por Amor, y cuando allá en el Monte de los Olivos, aceptó beber este amargo Cáliz, lo aceptó por Amor al Padre. Se ha acercado ese forastero de Cirene y camina junto a Él llevando su Cruz. Bendito sea quien alivia a mi Hijo de su carga. Benditos todos los que comparten con Él este camino.

A las doce de la noche,
la luna llena en lo alto,
empieza el caminar
de Jesús el Jueves Santo.
Con sus manos marfileñas
apenas roza la Cruz,
y ese rostro, tan divino,
Irradia a todos su luz.
No es dolor lo que yo veo
en este Jesús de hermosura
que al mirar su cara siento
tristeza, amor y ternura.
Mis hermanos de las monjas
Gran Poder te han llamado
porque conocen tus obras
y aman a quien te ha enviado.
Has estado muchos años
recluido en la clausura,
cuidado por blancas manos
de unas palomas puras.
Pero hoy te vemos aquí
en medio de la ciudad,
para devoción del pueblo
y gozo de tu Hermandad.
Si timbales y tambores
escuchas de madrugada
hermano, no tengas miedo,
es el Gran Poder que pasa.
Y si a tu alma llegara
algún miedo, algún temor,
no sufras, míralo a Él,
al Gran Poder del Amor.
Han pasado muchas horas desde que llevas la Cruz, Hijo, parece que tus fuerzas te abandonan por momentos, que vas a rodar por esas piedras donde tus sandalias caminaron tantas veces. Cómo puedes soportar tanto dolor, tanta angustia. Esta daga mortal que a mi pecho hiere parece hundirse más cuanto más te miro, y sin embargo tú resistes y soportas, con abnegación, con sufrimiento, con inmenso dolor este Calvario. Una lección más de las que has dado. Tus amigos ya no están, unos no han soportado el dolor de verte así, otros, espíritus débiles y temerosos, se han ocultado por miedo. Cuanto me gustaría decirles ahora: ved su dolor y su entrega, tomad ejemplo, como tantas otras veces y recordad siempre este momento, para cuando os llegue la hora a vosotros de padecer la injusticia y la desventura. Recordad siempre cómo el que llamabais Maestro os dio la mayor lección, con el ejemplo único de su vida, entregada por Amor a sus amigos.

Refugio de nuestras almas
Nazareno, siempre has sido,
por siglos los motrileños
a tus pies han acudido.
Señor eres de Motril,
Nazareno, por derecho,
pues jamás podrán pagarte
todo el bien que Tu le has hecho.
En esta tarde del Jueves
se abren las puertas del templo
y Nuestro Padre Jesús
de nuevo muestra su ejemplo.
Ejemplo de entrega en vida
a un pueblo que no merece,
muchas veces, con sus actos,
todo el dolor que Él padece.
Es su caminar muy lento
y lleno de majestad,
pues con su mirada quiere
consolar a la ciudad.
Mirando tu tez morena
siempre siento, buen Jesús,
no son nada mis pesares
comparados con tu Cruz.
A la plaza, Nazareno,
ya de vuelta estas llegando,
no hay un hueco en esta hora,
todo el pueblo esta esperando
para ver a su Patrón
y refugiarse en su manto
que nazarenos son todos
la noche del Jueves Santo.
Aún caminas, Hijo mío, por este camino amargo, por esta Jerusalén sureña, que ha trocado el desierto por la vega, y te siento cada vez mas agotado; tus fuerzas flaquean bajo el peso del madero. Ya despidieron al Cirineo que te llevó la Cruz. Estas solo ante tu destino que ya veo fatal. Tus piernas tiemblan y miro tu hermosa figura caer sobre las piedras del camino. Cuanta fatiga acude a tu divino rostro y cuanto dolor se hunde en mi pecho herido. He visto como las mujeres de esta Jerusalén acudían a tu lado para compadecerte y Tu, dando una vez mas le ejemplo del Maestro, les has dicho que no lloren por Ti sino por sus hijos, que quien sabe si padecerán también este Martirio. Ya el camino esta acabando y subes lentamente esa ladera que te conduce a la Muerte. La noche se ha cerrado en manto de negro luto y las palmeras del Cerro, que un día alegrías agitaban a tu paso, hoy están mustias de desconsuelo y de amargura. Entre la multitud he subido a lo mas alto para verte mejor, como aquel Domingo glorioso.
Pasión por Motril camina
Pasión con Amor se inflama
cuando discurre Pasión
en medio de esta canalla.
Es Pasión este Jesús
que todos llaman Maestro,
Pasión que brota en las llagas
de ese corazón abierto.
Pero no solo es dolor Pasión,
que Pasión también es sentimiento,
al ver que su pueblo amado
le quiere dar escarmiento.
Subiendo el Cerro Tu tienes
Motril a tus plantas puras,
y en los corazones late
mezcla de Amor y Amargura.
Desde arriba mira triste
la Imagen de la Belleza,
pues triste esta noche está
la Virgen de la Cabeza.
Todo esta llegando a su fin. Me acompaña tan solo tu amigo Juan. El no te ha abandonado al igual que yo. Al fin he podido acercarme a Ti Tu mirada ha traspasado una vez mas mi corazón doliente, y en ella he vuelto a encontrar solo Amor. Después te han clavado en este madero y el sonido del martillo se me ha hincado en las sienes.
Tu cuerpo, casi sin vida, colgado esta de esa Cruz, y de tu boca tan solo brotan palabras de Consuelo y de Perdón. Le has pedido al Padre que perdone a quienes te han hecho tanto mal. A mi me has encomendado a tu amigo mas querido. Tú que has llevado la Salud a tanta gente, que has aliviado el dolor de nuestros cuerpos y nuestros corazones, te encuentras ahora en las puertas de la Muerte. Los tullidos a los que diste manos y piernas te han azotado, aquellos a los que diste luz a sus ojos, mirándote se han burlado de Ti, los que sacaste de su locura, se tornaron locos de nuevo pidiendo tu Muerte. Aquellos a quienes abriste tu corazón te han abandonado de forma cobarde. Y sin embargo, Tu solo pides perdón para todos ellos.

A tus plantas, día a día,
te piden con devoción,
que des salud al enfermo,
con tu divino Perdón.
No hay Cristo mas visitado
en este Motril cristiano,
que el Cristo de la Salud
a todos tiende su mano.
Un Vía Crucis de dolor
recorre el Miércoles Santo,
todo el pueblo con fervor
la muerte vela con llanto.
Alzan al cielo esa Cruz,
con amor, los costaleros,
que quieren poner a Cristo
en medio de los luceros.
Salud llaman a este Cristo
en la Cruz y moribundo,
pues viniste a repartir
salud para todo el mundo.
Llueven pétalos de flores
cuando pasas por Motril
flores que son amores,
Señor de S. Agustín.
En la plaza, casi al alba,
se agolpa gran multitud,
y Motril sigue rezando
al Cristo de la Salud.
Todo esta concluido. El presagio tan temido es esta noche ha llegado, inundando mi corazón de pena negra y desconsuelo. Las heridas de su frente en mi pecho están sangrando como torrentes de angustia. De la herida del costado ha salpicado el agua que anega mi rostro en llanto. Y no puedo ni alcanzar con mis manos sus pies clavados al madero. Es la muerte que ha legado en esta noche tan fría. Tanto dolor se ha juntado en mi corazón de Madre, que casi no puedo ya contar mis siete puñales.
No me habla mi Hijo en esta hora. Su boca se ha cerrado con el hielo de la Muerte. Él siempre decía que era el Camino, la Verdad y la Vida y esta muerto; pero tengo que superar este desconsuelo que me invade y recordar de nuevo sus palabras: para que el grano dé fruto es preciso que muera.

En esta noche tan negra
negras luces van llegando
como procesión en pena,
a Cristo acompañando.
Silencio gritan las piedras
silencio en los corazones,
solo un ruido de cadenas
que suenan como oraciones.
Van unidos los hermanos
con una cuerda en el cinto,
que unidos quieren estar
acompañando a su Cristo.
En silencio van girando
sus caras tus nazarenos
que no se cansan de ver
el rostro de ese Cordero.
Y cuando miran la Cruz
en sus adentros pensando
que también a ellos vendrá
la Muerte, en silencio, andando.
Y mientras llega ese día,
el Jueves Santo, impaciente,
acompañando voy a Jesús,
mi Cristo de la Buena Muerte.
Ya todos se han marchado. Tan solo quedamos mi hijo Juan, José de Arimatea y las mujeres. Lentamente, con la espesura de la negra noche, han descendido su cuerpo de la Cruz y lo han entregado en mis brazos. Ya no hay sonrisa en su cara, sino una palidez de mármol en sus mejillas. Con gravedad solemne se dirige el cortejo fúnebre hacia el Sepulcro. Y pienso en aquel otro sepulcro de donde Jesús hizo salir a Lázaro.
¿Por qué Él no podría hacer lo mismo ahora? ¿Por qué ha sucumbido Él ante la Muerte, si Él mismo la venció? Ya descansa Jesús en la sepultura. Con mis manos le ofrendé ungüentos y perfumes a su cuerpo ya sin vida. He lavado con inmenso dolor la sangre de i sangre de su cuerpo atormentado. Y nadie puede dar consuelo a está Madre con el corazón roto de puñales. La vida se me ha ido con su Muerte y en mis ojos arrasados no hay más luz que su recuerdo.

Ya no hay sol
que alumbre en este día
pues la noche cayó
cuando Jesús moría.
Nada pude decir,
mi voz enmudecía
al ver su cuerpo muerto
sobre la losa fría.
En urna de plata
es con amor llevado
el cuerpo de Jesús
amortajado.
Silencio en Motril,
dolor callado,
este Viernes infeliz
Jesús es sepultado.
He regresado a casa con Juan. Todo esta vacio y sin vida. No se escucha su voz, dulce y amable, en estas habitaciones desoladas. Nadie anda en las calles a estas horas y crece en mí una congoja de Soledad sombría. Mi alma se ha quedado ausente sin su Pastor Divino, perdida estoy por este bosque espeso de su Muerte. Es mi soledad tan honda que en mi mente se marchitan hasta los recuerdos de su infancia. Y se secan mis entrañas con su ausencia, que una Madre sin su Hijo ya no es Madre, sino huérfana de amor, sin su presencia.

Cuando sales a Motril
medio siglo te acompaña,
del barrio de Capuchinos
eres su Soledad del alma.
Por tus ojos corren lágrimas
de pena y de desconsuelo,
y este barrio quiere darte,
con gran ánimo y desvelo,
piropos para su Virgen,
que es de Motril diamante
cuando por la Rambla sube
y deja aroma fragante
en este barrio que tiene
piropos aun más finos
que los jilgueros del campo
con sus delicados trinos,
Pues no hay cariño más grande
en este Motril divino
como el que sienten por ti
tus hijos de Capuchinos.
Ha pasado un día más sin su presencia. Y me parece oír en esta mañana los mismos cánticos de aquel lejano Domingo de Ramos. Pero no son solo cánticos, sino que escucho también campanas. Me asomo a la calle y veo una multitud de niños. Aquellos niños que no había visto desde el Domingo. Parece que hubieran desaparecido todos estos días y hoy están aquí de nuevo; están alegres y cantando algo que no acierto a distinguir. Debe ser un buen presagio.

El sol inunda la plaza
en este día glorioso,
pues la noche se hizo luz
en su corazón gozoso.
Manos inocentes tañen
mil campanas de alegría,
que en Motril los niños traen
la Buena Nueva del día.
Sobre sus cuerpos pequeños
aun no soportan la Cruz,
que solo reina en la inocencia
la Dulzura de Jesús.
El corazón me dio un salto en mi pecho cuando han venido a decirme que han visto a mi Hijo en Emaús. Dios mío. Ahora comprendo cual era su triunfo. Dónde esta su Victoria. Jesús ha regresado de la Muerte porque Él es la Vida, como siempre dijo. Las abiertas heridas de mi corazón se han cerrado para siempre, y ahora solo ansío poder verle y abrazarle de nuevo. Pero, silencio, alguien llama a la puerta.

Bendita eres María
Madre de tu Salvador,
que bendito es el vientre
que tuvo como fruto a Dios.
En este día glorioso
que viene a verte el Amor,
quiere Jesús recordarte
cuando sufriste dolor.
Que Jesús te vio en el Cerro,
el Domingo, y en la altura,
tu boca como un Rosario
de Gracias y de ternura.
El Lunes, allá en el Huerto,
orando estabas por Mi
y de tu amoroso pecho
brotaba aroma a jazmín
que de este pobre Motril
llegaba hasta la Gloria,
donde por su Amor rezaba
María de la Victoria.
Y cuando en el Carmen fui
atado por mano impía
Misericordia en tus manos
hallé, bendita María.
después pusieron la Cruz
sobre mis hombros cansados
y esforzándome por ver
con mis ojos lacerados,
a ti te vi, Madre mía,
sufriendo con gran Amor,
que es el Dolor de su Hijo
de la Madre el Mayor Dolor.
Camino de ese calvario
las fuerzas no me tenían,
y de nuevo alcé la vista
por ver si yo te veía.
Y al sentir como venía
la muerte en mi asechanza
me dieron fuerzas tus ojos,
los ojos de mi Esperanza.
En la Cruz ya me clavaron,
angustiado miré al suelo
y Madre, allí te encontré,
que eres tú mi Gran Consuelo.
Cuando mi cuerpo dejaste
en aquel Sepulcro Santo,
ya mi alma había marchado
a ocupar lugar más alto
y desde el infinito cielo
pensaba que mil amores
te daría, Madre mía,
para borrar tus Dolores.
Nunca sola tú estuviste
Madre de la Soledad,
que si a tu Hijo perdiste
encontraste una ciudad.
la ciudad que cada año
recuerda con gran pasión
los Misterios de tu Hijo,
y cuenta con ilusión
los días que aun le faltan
para que en Motril renazca,
un año mas, su Semana Santa.

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viernes, 12 de diciembre de 2008
PREGON DEL NAZARENO 1999

PREGON NAZARENO 1999
In memoriam
Dedicado a mi generoso amigo
Antonio Olvera, a quien la Madre
quiso abrazar, para que en el
cielo le impusiera la Corona que
en su Motril le había preparado.
Hermano Mayor y Junta de Gobierno, queridos cofrades nazarenos.
Antes que nada agradecer a mi amigo Paco Gómez la confianza que depositó en mi persona cuando, recién elegido Hermano Mayor de esta motrileñisima cofradía, me solicitó pregonar a sus Sagrados Titulares en el primer año de su mandato, que por su experiencia, saber cofrade, ilusión y nazarenismo largamente probado, estoy seguro que será una etapa fructífera y fecunda en la vida de la cofradía del Nazareno. Gracias por tu confianza, querido amigo.
Como no aludir también a mi presentador, manchego de cuna y de crianza, pero motrileño de adopción y sentimientos, quien con su verbo fácil y hondo contenido, estoy seguro que habrá incurrido en exceso de elogios y en omisión de carencias por mor del gran afecto que me consta tiene hacia mi persona y que en este caso es reciproco. Por ello, querido Carlos, muchas gracias.
He de confesaros que al sentarme a escribir este Pregón se suscitó en mí el siguiente dilema: he de hacer un Pregón “nazareno” o un Pregón “esperanza”. Vosotros entendéis muy bien qué quiero decir. En esta cofradía se aúnan dos devociones, dos amores que se unifican en una sola Hermandad; es por ello que como idea inicial me planteé intentar la confección de un pregón que guardase el equilibrio entre ambas devociones. Espero haberme acercado a ese propósito, siguiendo los pasos de Jesús Nazareno durante el camino del Calvario y la constante presencia de su Madre, doliente y sin embargo plena de esperanza en la Resurrección de su Hijo.
No se oyó en el palacio de Pilatos el vuelo de los vencejos en aquella tarde primaveral, cuando el cobarde Gobernador dictó su sentencia. Ni toda el agua del Jordán sería suficiente para lavar sus manos manchadas con la sangre inocente del Maestro, quien azotado y escarnecido se le ha impuesto su morada túnica nazarena para iniciar el camino que le conducirá a su triunfo final sobre la muerte.
Cuando sobre le hombro dejan caer la cruz, la madera se le incrusta en las abiertas heridas que el látigo infame le ha causado. El Hombre-Dios, el Varón de Dolores, asentado sobre sus purísimas plantas y tomando aliento se dispone a emprender un tortuoso Vía Crucis. Sus pies, que tantas veces le llevaron ágiles y prestos por estas polvorientas calles y caminos, atendiendo y sanando a cuanto se lo pedían, sus pies son hoy pies cansados, que se arrastran bajo el peso del madero, y lo que mas le duele no es la cruz sino el abandono de todos sus amigos y el desprecio de cuantos ha favorecido.
Alrededor del Palacio se ha congregado gran cantidad de personas, ninguno quiere perderse contemplar a Jesús cargado con la cruz. Ese Nazareno al que todos, todos sin excepción, han condenado. Aparece Jesús entre las puertas y un silencio culpable y homicida sacude los muros de las casas. Cumplida ya la cruel sentencia nadie se atreve a levantar su voz para reiterar la condena al Nazareno, los ojos antes ávidos de sangre se inclinan al suelo avergonzados de la infamia por ellos provocada.
También estoy yo frente a la puerta de su casa y sorteando las cabezas de la multitud, acierto a encontrar el rostro del Nazareno, ese Nazareno de piel morena, de ojos tristes, de preciosas manos, que acarician la cruz, no hay crispación en su gesto, no existe la ira en su mirada, sino dolor callado, entrega voluntaria a su destino.
Una interminable sucesión de capirotes morados pasa frente a mis ojos; hace apenas unos minutos pude ver a dos viejos cofrades charlando en la calle de la Gloria; recuerdo que uno le decía al otro que este año ya no se vestía, pues los achaques de la edad no perdonan, pero sin embargo, acompañaría a su Nazareno desde las aceras. En el revuelo delos prolegómenos pude ver también a los miembros de la Junta de Gobierno yendo de acá para allá, cuidando de todos los detalles de última hora, y a ese penitente anónimo, cuyo nombre nadie conoce, pero que, año tras año, acude con su hábito morado al lado de su Señor. También he visto muchos niños a quienes sus madres retocan por última vez el pequeño hábito al tiempo que le recuerdan por enésima ocasión su deber de comportarse bien durante la Estación de Penitencia. Los niños de la cofradía, como la semilla de la parábola, crecerán en tierra fértil, abonada con el buen ejemplo de los cofrades adultos, hasta llegar a su mayoría de edad capacitados para recoger las riendas de su cofradía y así perpetuar el ciclo de esta tradición piadosa.
La Cruz de Guía comenzó su recorrido hace unos minutos y va indicando el camino a los nazarenos; todo un símbolo, como otros muchos de los que está plagada nuestra Semana Santa. Ese nazareno anónimo que literalmente sigue el consejo de Jesús y toma su Cruz, marca el camino de todos sus hermanos, encabezando el Vía Crucis que quiere ser y es la procesión.
Ya se escucha la campana del trono ordenando a los portadores acudir prestos al varal. Dos toques más y el Señor de Motril comienza a andar acercándose a las puertas de su casa; su túnica morada se mece levemente a los sones de la Marcha Real y la gran multitud que estábamos expectantes desviamos nuestras miradas hacia ese Jesús que se nos antoja más bello que nunca, más nuestro que nunca, tan cercano como siempre. Hay mil nudos que se agarran en mil gargantas de cera y por mil mejillas bajan, mil lágrimas de emociones, que bañaran las aceras de Motril en esta tarde, desde el Camino las Cañas, llorando por mil rincones, hasta la Plaza de España. Todos le piden a Él, a Jesús el Nazareno, que les alivie su cruz, que paradoja y misterio que recurramos a quien la cruz el hombro doblega. Pero Él a nadie niega su ayuda, y en su mirada tan dulce, y hasta en el sedoso pelo, los motrileños encuentran la luz entre sus tinieblas y la paz en sus desvelos.
El sol ha querido ocultarse por no sentirse humillado, y desaparece allá por el mar de Salobreña. Sabe que no puede competir con quien se acerca. Conoce muy bien su rostro, cuando los vip en aquellos ya lejanos años detrás del Ayuntamiento. Entonces Ella no tenía casa donde ser obsequiada con flores y como en Belén, bajo una lona, hubo de pasar muchas noches, muchos miércoles Santos, con la única pero amorosa compañía de sus hijos más queridos.
Tampoco ha olvidado el sol, que se lo contó la luna, aquella tristísima noche que envuelta en una manta, sus hijos que tanto la aman, la llevaron en volandas a otra casa que con amor la acogió, porque si Nazareno es su Hijo, sus hijas nazarenas son.
De nuevo el sino de una campana me saca de mis pensamientos.
Es el trono de la madre, que desde aquel rincón de su casa los jóvenes portadores, con mimo y con gran esfuerzo, hacia las abiertas puertas van poco a poco volviendo. Como cuando salió el Nazareno, un nudo en mi garganta se agolpa y está latiendo, de ver a nuestra Esperanza sobre esos hombros meciéndola blanca luz de su rostro, el lirio de sus majillas, el doloroso clavel de su boca entristecida, que a su Hijo vio marchar este Jueves que mas brilla con la cruz sobre sus hombros, y no hay pena como su pena, ni mayor dolor humano, que ver como su Hijo, al que tuvo entre sus manos, carga con una cruz, ya camino del Calvario. Mi corazón se sorprende al comprobar cómo en este corazón aun caben más emociones. Desde arriba de su casa, como si del cielo fuese, escucho la voz devota de un querido hermano y amadísimo hijo suyo. El Ave María se quiebra en su garganta cuando la Esperanza sale a Motril, y a esa voz le pone música le tintineo de los varales del palio, la gente prorrumpe en vivas y otros le gritan guapa, que a esta Virgen motrileña, la Virgen de la Esperanza, todos la quieren llevar junto a su Hijo del alma.
Con prisa voy por las calles, confundido entre el gentío, que quiero ver al Nazareno de nuevo, y lo encuentro en las Palmeras. Pasados ya esos momentos intensos de la salida veo a Jesús caminar por Motril con ese paso tranquilo y sencillo de siempre. Cuantas veces he comentado esta singularidad. Es el paso del Nazareno; elegante, majestuosos y sublima. Pero mientras venía hacia aquí, entre el tumulto de personas, he venido pensando en los otros nazarenos, esos que iban junto a mi al encuentro de Jesús. Y pensaba que es a ellos a quienes debo mirar con el sentimiento que miro al que va arriba del trono. Todos ellos llevan una cruz y son los nazarenos de hoy, los que viven entre nosotros. Ese padre de familia con la cruz del paro. Esa madre con la cruz de la droga comiéndose a su hijo. El anciano con la cruz de la soledad. La mujer de la calle con la cruz del abandono y la miseria. Nazarenos vivos, retrato vivo de esta Pasión en nuestras calles. Quizá empezamos a comprender que el único sentido de estas maravillosas rememoraciones nuestras está en saber que lo que ocurrió hace dos mil años, ha de servirnos para entender y actuar en los vía crucis de cada día.
Pero para los motrileños, el Nazareno es algo más. No es solamente el venerado Titular de su Cofradía, es también el Señor de Motril, el mejor Patrón que pudiéramos tener los que manifestamos con satisfacción y orgullo, estar bautizados “con el agua de la acequia”. Como Señor que es, cuando el pueblo se ha visto impotente por los desastres de las sequías, Motril se amparaba en el Nazareno, implorando en rogativa su Misericordia. Y cuando las entrañas de la tierra amenazaban destruir nuestro bendito pueblo, Motril entero buscó el consuelo de su Nazareno, instituyendo el Voto de la Ciudad, mantenido por el pueblo a pesar, y a veces en contra, del poder civil y hasta del eclesiástico. La historia y el corazón de los motrileños han hecho del Nazareno el Señor de Motril. Y Señor quiere decir también Padre. Cómo me gusta oír, de labios de viejos nazarenos, la expresión Nuestro Padre Jesús, cuando a Él se refieren. El amor y el respeto que encuentro ene esa expresión me satisface enormemente, en contraste con la moda imperante en nuestras cofradías de llamar a los Titulares con apelativos impropios de la devoción que deben inspirarnos.
Pero la mente se me ha ido por otros caminos, y ahora me doy cuenta que la última banda ha pasado frente a mi. No quiero perderme el paso por la tribuna, y hacia ella me dirijo. La calle Nueva es un mosaico de personas. Mientras me hago sitio para ver mejor encuentro a muchos motrileños, ausentes de la ciudad todo el año, y que han venido a ver a su Nazareno a su Esperanza.
Como puedo me encaramo sobre le tranco de una vieja casa, y observo a la Cruz de Guía con paso solemne subir la calle Nueva.
Por la calle Nueva sube
un nazareno de bronce,
por la calle Nueva trae
todo el dolor que no esconde.
No son piedras, sino flores,
que pisan sus pies divinos,
alfombra de clavel y lirio,
aroma de perfumes finos,
que extienden los motrileños
Y Nuestro Padre Jesús,
éste y todos los años,
camina hacia el Calvario
en esta noche de Abril,
consolado por sus hijos,
los hijos de su Motril.
Este Jesús Nazareno
es Hijo de la Esperanza,
que desde niño conoce
la Gloria que a Él le alcanza.
Pero poned atención
que ya se escucha en la Plaza
el tintineo del palio
del trono de la Esperanza.
Llega entre gritos y vivas
la Madre del Nazareno,
pues sus hijos de Motril
le quieren dar su consuelo.
Y si miráis su cara,
iluminada por velas
a las que mece la brisa,
veréis que entre su tristeza
aparece una sonrisa.
Y mi asombro no se para,
aún siento más emoción
cuando los tronos van juntos
por la Rambla del Manjón.
El verla tan sola y triste
consentirlo no podían
por eso los nazarenos
a su Hijo con María
juntos los llevan a casa
Y entre piropos y vivas
oraciones y alabanzas
liberado del sudario,
el Nazareno vendrá
en Gloria resucitado.
El Nazareno ya asoma
por la esquina de la Plaza,
viene con paso muy quedo,
esperando a su Esperanza.
Miradlo por donde viene
reza una saeta herida,
al ver como a su Nazareno
se le va yendo la vida.
Si no fuera porque sé
que el Jesús que ante mí pasa
es el mismo Nazareno
a quien recé ante su casa
hace unas horas tan solo,
juraría que este Cristo,
más solo lo encuentro ahora,
que a la dulzura del rostro
le acompaña en esta hora
el sufrimiento del mundo
que en la cruz se ha concentrado,
y en su cara tan divina
su dolor todo ha brotado.
La espera triste no es,
que es la espera bien alegre,
pues la promesa es de Dios,
y Jesús, junto a su Madre,
en esa espera ha vivido
desde su mas tierna infancia,
sabiendo que en Él se cumple
del mundo, toda Esperanza.
Pero si vimos pasar
al Hijo de la Esperanza,
junto a nosotros tenemos
la Madre de la Esperanza,
verde esmeralda es el manto,
verde su palio bordado,
verdes las capas que llevan
los nazarenos del paso.
Son verdes las emociones
que siento en el corazón,
cuando le miro la cara
a esta Virgen de Pasión.
La Madre de la Esperanza,
Gloria de Dios encarnada
en la Madre de Jesús,
Madre de toda Esperanza.
Y entre vivas y piropos,
María por Motril camina
con el calor de su pueblo,
y el aire de brisa marina
le acaricia las mejillas,
y de sus ojos de azúcar
se desprenden de puntillas,
dos lagrimas de amargura
al ver al Hijo subir
camino de la sepultura.
Pero si miráis bien
a esta Virgen Nazarena
veréis detrás de sus ojos,
de esa carita de pena,
cómo brillando en el fondo
del cristal de su mirada
encontramos una luz,
bendita luz de Esperanza.
Esperanza que nos habla,
que a todos nos da el consuelo
de que la Pasión de Dios,
el Hijo de sus desvelos,
no termina en el Calvario,
pues mas allá del Sepulcro,
juntos para siempre están
Nazareno y Esperanza.
He dicho.
Motril 13 de Marzo de 1999
In memoriam
Dedicado a mi generoso amigo
Antonio Olvera, a quien la Madre
quiso abrazar, para que en el
cielo le impusiera la Corona que
en su Motril le había preparado.
Hermano Mayor y Junta de Gobierno, queridos cofrades nazarenos.
Antes que nada agradecer a mi amigo Paco Gómez la confianza que depositó en mi persona cuando, recién elegido Hermano Mayor de esta motrileñisima cofradía, me solicitó pregonar a sus Sagrados Titulares en el primer año de su mandato, que por su experiencia, saber cofrade, ilusión y nazarenismo largamente probado, estoy seguro que será una etapa fructífera y fecunda en la vida de la cofradía del Nazareno. Gracias por tu confianza, querido amigo.
Como no aludir también a mi presentador, manchego de cuna y de crianza, pero motrileño de adopción y sentimientos, quien con su verbo fácil y hondo contenido, estoy seguro que habrá incurrido en exceso de elogios y en omisión de carencias por mor del gran afecto que me consta tiene hacia mi persona y que en este caso es reciproco. Por ello, querido Carlos, muchas gracias.
He de confesaros que al sentarme a escribir este Pregón se suscitó en mí el siguiente dilema: he de hacer un Pregón “nazareno” o un Pregón “esperanza”. Vosotros entendéis muy bien qué quiero decir. En esta cofradía se aúnan dos devociones, dos amores que se unifican en una sola Hermandad; es por ello que como idea inicial me planteé intentar la confección de un pregón que guardase el equilibrio entre ambas devociones. Espero haberme acercado a ese propósito, siguiendo los pasos de Jesús Nazareno durante el camino del Calvario y la constante presencia de su Madre, doliente y sin embargo plena de esperanza en la Resurrección de su Hijo.
No se oyó en el palacio de Pilatos el vuelo de los vencejos en aquella tarde primaveral, cuando el cobarde Gobernador dictó su sentencia. Ni toda el agua del Jordán sería suficiente para lavar sus manos manchadas con la sangre inocente del Maestro, quien azotado y escarnecido se le ha impuesto su morada túnica nazarena para iniciar el camino que le conducirá a su triunfo final sobre la muerte.
Cuando sobre le hombro dejan caer la cruz, la madera se le incrusta en las abiertas heridas que el látigo infame le ha causado. El Hombre-Dios, el Varón de Dolores, asentado sobre sus purísimas plantas y tomando aliento se dispone a emprender un tortuoso Vía Crucis. Sus pies, que tantas veces le llevaron ágiles y prestos por estas polvorientas calles y caminos, atendiendo y sanando a cuanto se lo pedían, sus pies son hoy pies cansados, que se arrastran bajo el peso del madero, y lo que mas le duele no es la cruz sino el abandono de todos sus amigos y el desprecio de cuantos ha favorecido.
Alrededor del Palacio se ha congregado gran cantidad de personas, ninguno quiere perderse contemplar a Jesús cargado con la cruz. Ese Nazareno al que todos, todos sin excepción, han condenado. Aparece Jesús entre las puertas y un silencio culpable y homicida sacude los muros de las casas. Cumplida ya la cruel sentencia nadie se atreve a levantar su voz para reiterar la condena al Nazareno, los ojos antes ávidos de sangre se inclinan al suelo avergonzados de la infamia por ellos provocada.
También estoy yo frente a la puerta de su casa y sorteando las cabezas de la multitud, acierto a encontrar el rostro del Nazareno, ese Nazareno de piel morena, de ojos tristes, de preciosas manos, que acarician la cruz, no hay crispación en su gesto, no existe la ira en su mirada, sino dolor callado, entrega voluntaria a su destino.
Una interminable sucesión de capirotes morados pasa frente a mis ojos; hace apenas unos minutos pude ver a dos viejos cofrades charlando en la calle de la Gloria; recuerdo que uno le decía al otro que este año ya no se vestía, pues los achaques de la edad no perdonan, pero sin embargo, acompañaría a su Nazareno desde las aceras. En el revuelo delos prolegómenos pude ver también a los miembros de la Junta de Gobierno yendo de acá para allá, cuidando de todos los detalles de última hora, y a ese penitente anónimo, cuyo nombre nadie conoce, pero que, año tras año, acude con su hábito morado al lado de su Señor. También he visto muchos niños a quienes sus madres retocan por última vez el pequeño hábito al tiempo que le recuerdan por enésima ocasión su deber de comportarse bien durante la Estación de Penitencia. Los niños de la cofradía, como la semilla de la parábola, crecerán en tierra fértil, abonada con el buen ejemplo de los cofrades adultos, hasta llegar a su mayoría de edad capacitados para recoger las riendas de su cofradía y así perpetuar el ciclo de esta tradición piadosa.
La Cruz de Guía comenzó su recorrido hace unos minutos y va indicando el camino a los nazarenos; todo un símbolo, como otros muchos de los que está plagada nuestra Semana Santa. Ese nazareno anónimo que literalmente sigue el consejo de Jesús y toma su Cruz, marca el camino de todos sus hermanos, encabezando el Vía Crucis que quiere ser y es la procesión.
Ya se escucha la campana del trono ordenando a los portadores acudir prestos al varal. Dos toques más y el Señor de Motril comienza a andar acercándose a las puertas de su casa; su túnica morada se mece levemente a los sones de la Marcha Real y la gran multitud que estábamos expectantes desviamos nuestras miradas hacia ese Jesús que se nos antoja más bello que nunca, más nuestro que nunca, tan cercano como siempre. Hay mil nudos que se agarran en mil gargantas de cera y por mil mejillas bajan, mil lágrimas de emociones, que bañaran las aceras de Motril en esta tarde, desde el Camino las Cañas, llorando por mil rincones, hasta la Plaza de España. Todos le piden a Él, a Jesús el Nazareno, que les alivie su cruz, que paradoja y misterio que recurramos a quien la cruz el hombro doblega. Pero Él a nadie niega su ayuda, y en su mirada tan dulce, y hasta en el sedoso pelo, los motrileños encuentran la luz entre sus tinieblas y la paz en sus desvelos.
El sol ha querido ocultarse por no sentirse humillado, y desaparece allá por el mar de Salobreña. Sabe que no puede competir con quien se acerca. Conoce muy bien su rostro, cuando los vip en aquellos ya lejanos años detrás del Ayuntamiento. Entonces Ella no tenía casa donde ser obsequiada con flores y como en Belén, bajo una lona, hubo de pasar muchas noches, muchos miércoles Santos, con la única pero amorosa compañía de sus hijos más queridos.
Tampoco ha olvidado el sol, que se lo contó la luna, aquella tristísima noche que envuelta en una manta, sus hijos que tanto la aman, la llevaron en volandas a otra casa que con amor la acogió, porque si Nazareno es su Hijo, sus hijas nazarenas son.
De nuevo el sino de una campana me saca de mis pensamientos.
Es el trono de la madre, que desde aquel rincón de su casa los jóvenes portadores, con mimo y con gran esfuerzo, hacia las abiertas puertas van poco a poco volviendo. Como cuando salió el Nazareno, un nudo en mi garganta se agolpa y está latiendo, de ver a nuestra Esperanza sobre esos hombros meciéndola blanca luz de su rostro, el lirio de sus majillas, el doloroso clavel de su boca entristecida, que a su Hijo vio marchar este Jueves que mas brilla con la cruz sobre sus hombros, y no hay pena como su pena, ni mayor dolor humano, que ver como su Hijo, al que tuvo entre sus manos, carga con una cruz, ya camino del Calvario. Mi corazón se sorprende al comprobar cómo en este corazón aun caben más emociones. Desde arriba de su casa, como si del cielo fuese, escucho la voz devota de un querido hermano y amadísimo hijo suyo. El Ave María se quiebra en su garganta cuando la Esperanza sale a Motril, y a esa voz le pone música le tintineo de los varales del palio, la gente prorrumpe en vivas y otros le gritan guapa, que a esta Virgen motrileña, la Virgen de la Esperanza, todos la quieren llevar junto a su Hijo del alma.
Con prisa voy por las calles, confundido entre el gentío, que quiero ver al Nazareno de nuevo, y lo encuentro en las Palmeras. Pasados ya esos momentos intensos de la salida veo a Jesús caminar por Motril con ese paso tranquilo y sencillo de siempre. Cuantas veces he comentado esta singularidad. Es el paso del Nazareno; elegante, majestuosos y sublima. Pero mientras venía hacia aquí, entre el tumulto de personas, he venido pensando en los otros nazarenos, esos que iban junto a mi al encuentro de Jesús. Y pensaba que es a ellos a quienes debo mirar con el sentimiento que miro al que va arriba del trono. Todos ellos llevan una cruz y son los nazarenos de hoy, los que viven entre nosotros. Ese padre de familia con la cruz del paro. Esa madre con la cruz de la droga comiéndose a su hijo. El anciano con la cruz de la soledad. La mujer de la calle con la cruz del abandono y la miseria. Nazarenos vivos, retrato vivo de esta Pasión en nuestras calles. Quizá empezamos a comprender que el único sentido de estas maravillosas rememoraciones nuestras está en saber que lo que ocurrió hace dos mil años, ha de servirnos para entender y actuar en los vía crucis de cada día.
Pero para los motrileños, el Nazareno es algo más. No es solamente el venerado Titular de su Cofradía, es también el Señor de Motril, el mejor Patrón que pudiéramos tener los que manifestamos con satisfacción y orgullo, estar bautizados “con el agua de la acequia”. Como Señor que es, cuando el pueblo se ha visto impotente por los desastres de las sequías, Motril se amparaba en el Nazareno, implorando en rogativa su Misericordia. Y cuando las entrañas de la tierra amenazaban destruir nuestro bendito pueblo, Motril entero buscó el consuelo de su Nazareno, instituyendo el Voto de la Ciudad, mantenido por el pueblo a pesar, y a veces en contra, del poder civil y hasta del eclesiástico. La historia y el corazón de los motrileños han hecho del Nazareno el Señor de Motril. Y Señor quiere decir también Padre. Cómo me gusta oír, de labios de viejos nazarenos, la expresión Nuestro Padre Jesús, cuando a Él se refieren. El amor y el respeto que encuentro ene esa expresión me satisface enormemente, en contraste con la moda imperante en nuestras cofradías de llamar a los Titulares con apelativos impropios de la devoción que deben inspirarnos.
Pero la mente se me ha ido por otros caminos, y ahora me doy cuenta que la última banda ha pasado frente a mi. No quiero perderme el paso por la tribuna, y hacia ella me dirijo. La calle Nueva es un mosaico de personas. Mientras me hago sitio para ver mejor encuentro a muchos motrileños, ausentes de la ciudad todo el año, y que han venido a ver a su Nazareno a su Esperanza.
Como puedo me encaramo sobre le tranco de una vieja casa, y observo a la Cruz de Guía con paso solemne subir la calle Nueva.
Por la calle Nueva sube
un nazareno de bronce,
por la calle Nueva trae
todo el dolor que no esconde.
No son piedras, sino flores,
que pisan sus pies divinos,
alfombra de clavel y lirio,
aroma de perfumes finos,
que extienden los motrileños
Y Nuestro Padre Jesús,
éste y todos los años,
camina hacia el Calvario
en esta noche de Abril,
consolado por sus hijos,
los hijos de su Motril.
Este Jesús Nazareno
es Hijo de la Esperanza,
que desde niño conoce
la Gloria que a Él le alcanza.
Pero poned atención
que ya se escucha en la Plaza
el tintineo del palio
del trono de la Esperanza.
Llega entre gritos y vivas
la Madre del Nazareno,
pues sus hijos de Motril
le quieren dar su consuelo.
Y si miráis su cara,
iluminada por velas
a las que mece la brisa,
veréis que entre su tristeza
aparece una sonrisa.
Y mi asombro no se para,
aún siento más emoción
cuando los tronos van juntos
por la Rambla del Manjón.
El verla tan sola y triste
consentirlo no podían
por eso los nazarenos
a su Hijo con María
juntos los llevan a casa
Y entre piropos y vivas
oraciones y alabanzas
liberado del sudario,
el Nazareno vendrá
en Gloria resucitado.
El Nazareno ya asoma
por la esquina de la Plaza,
viene con paso muy quedo,
esperando a su Esperanza.
Miradlo por donde viene
reza una saeta herida,
al ver como a su Nazareno
se le va yendo la vida.
Si no fuera porque sé
que el Jesús que ante mí pasa
es el mismo Nazareno
a quien recé ante su casa
hace unas horas tan solo,
juraría que este Cristo,
más solo lo encuentro ahora,
que a la dulzura del rostro
le acompaña en esta hora
el sufrimiento del mundo
que en la cruz se ha concentrado,
y en su cara tan divina
su dolor todo ha brotado.
La espera triste no es,
que es la espera bien alegre,
pues la promesa es de Dios,
y Jesús, junto a su Madre,
en esa espera ha vivido
desde su mas tierna infancia,
sabiendo que en Él se cumple
del mundo, toda Esperanza.
Pero si vimos pasar
al Hijo de la Esperanza,
junto a nosotros tenemos
la Madre de la Esperanza,
verde esmeralda es el manto,
verde su palio bordado,
verdes las capas que llevan
los nazarenos del paso.
Son verdes las emociones
que siento en el corazón,
cuando le miro la cara
a esta Virgen de Pasión.
La Madre de la Esperanza,
Gloria de Dios encarnada
en la Madre de Jesús,
Madre de toda Esperanza.
Y entre vivas y piropos,
María por Motril camina
con el calor de su pueblo,
y el aire de brisa marina
le acaricia las mejillas,
y de sus ojos de azúcar
se desprenden de puntillas,
dos lagrimas de amargura
al ver al Hijo subir
camino de la sepultura.
Pero si miráis bien
a esta Virgen Nazarena
veréis detrás de sus ojos,
de esa carita de pena,
cómo brillando en el fondo
del cristal de su mirada
encontramos una luz,
bendita luz de Esperanza.
Esperanza que nos habla,
que a todos nos da el consuelo
de que la Pasión de Dios,
el Hijo de sus desvelos,
no termina en el Calvario,
pues mas allá del Sepulcro,
juntos para siempre están
Nazareno y Esperanza.
He dicho.
Motril 13 de Marzo de 1999
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